El presidente de Uruguay, José Mujica, sorprendió hace pocos días al afirmar que «la mejor ley de prensa es la que no existe». Definición de curiosa defensa del lessez-faire para alguien que se define, todavía, como «antropológicamente socialista». Acaso haya influido en su definición el hecho de haberla realizado para la revista Veja, furiosamente antilulista y empeñada en una cruzada contra cualquier intento de imponer una ley antitrust en Brasil.
Podría ser así, porque cuando se trata de defender ese principio puertas adentro se hace más difícil. De ese modo, el mandatario se quejó hoy de la desinformación que introducen algunos medios de comunicación de su país acerca de la posibilidad, desmentida por él, de que planee vetar posibles modificaciones al presupuesto quinquenal.
Según consigna la agencia EFE, «respecto del manejo de esa noticia por alguna prensa local, Mujica expresó que ‘tiene que haber algún tipo de regulación y amparo al ciudadano, pero en el fondo, la verdadera garantía está en la calidad de esa sociedad'». Por suerte terminó la frase con una concesión que lo diferencia menos de sus dichos previos.
¿Cómo es al final? ¿Hay que regular o no?