Un día por izquierda y al siguiente por derecha. Un día en contra de las regulaciones a la prensa y al siguiente, a favor. En su permanente zigzag, a José Mujica ayer le tocó rezar nuevamente el credo liberal. Esta vez para defender su proyecto de reforma del sector público, un tema que lo enfrenta a los sindicatos de su Frente Amplio, que ya le han dedicado un paro general.
«No puedo dejar de hacer alguna referencia a un reciente discurso de un amigo. En alguna parte ese amigo dice: sin el aumento de la eficiencia y la productividad es imposible elevar salarios, incrementar las exportaciones y sustituir importaciones, crecer en la producción de alimentos y en definitiva sostener los enormes gastos sociales propios de nuestro sistema», dijo el presidente uruguayo en su programa semanal de radio, algo así como el Aló, presidente chavista… o todo lo contrario. Según él, de ese discurso surge que «sin que las personas sientan la necesidad de trabajar para vivir, amparadas en regulaciones estatales excesivamente paternalistas e irracionales, jamás estimularemos el amor por el trabajo».
El amigo mentado, reveló al final, no es otro que el cubano Raúl Castro, a quien calificó de «fuente insospechada, comprometida y (que) como tal también nos ilumina».
Cuba está empeñada en una campaña para reformar su vetusto sistema económico. El «Pepe» parece planear algo similar para su Uruguay.

