Estados Unidos ya no es lo que era. Si hasta hace poco daba cátedra de derechos humanos al mundo, la última revelación de 400.000 documentos secretos en el sitio Wikileaks pone en ridículo aquella pretensión, no ya por lo ocurrido en tiempos de George W. Bush, que ya se conocía, sino en el primer año de mandato de Barack Obama. Las (nuevas) noticias sobre torturas propias en Irak, ocultamiento de abusos cometidos por las fuerzas de ese país, asesinatos a sangre fría de civiles y subestimación de muertes en 15.000 sobre un total de 109.000 previamente admitidas generó incluso una mueca de burla en China siempre cuestionada (y con razón) por Occidente. Que aproveche el régimen de Pekín su momento de satisfacción, que acaso no le dure mucho.
Pero eso no es todo. Si alguna credibilidad debe darse al ranking anual de percepción de la corrupción que elabora Transparencia Internacional (confeccionado en base a la visión de quienes muchas veces son los mismos que pagan las coimas a funcionarios venales), hay que mencionar que por primera vez Estados Unidos cayó por debajo del puesto 20 (a mayor número, mayor corrupción). De hecho, el país pasó este año del puesto 19 al 22, la peor calificación en los quince años de existencia del índice.
¿El país más corrupto según TI? Somalia. ¿Los más decentes? Dinamarca, Nueva Zelanda y Singapur. En la región, Chile 21 (mejor que Estados Unidos), Uruguay 24, Costa Rica 41, Brasil y Cuba 69 y Venezuela, el peor, 164. ¿Argentina? 105 sobre 178 países, igual que en 2009.
¿Qué nos está pasando a los estadounidenses? Ni derechos y humanos, ni más decentes que los latinoamericanos

