El plan de Raúl Castro para impulsar la economía cubana, incrementar la producción de alimentos y otros bienes de consumo y elevar gradualmente la productividad acaba de comenzar con una histórica reforma de cuño protocapitalista. Su idea de reducir medio millón de empleos en el Estado de aquí a marzo, un 10% del plantel total, y un millón en cinco años requiere un paralelo aumento de la actividad privada, hoy prácticamente inexistente.
Así, ayer publicó en la Gaceta Oficial el reglamento para el ejercicio por cuenta propia de nuevas actividades, que es mucho más que un cambio cosmético.
Se libera, para comenzar, la práctica de 178 profesiones, desde plomería hasta reparación de calzados, pasando por restaurantes, y centros de masajes, entre otras
De ellas, en 83 se permitirá la contratación de asalariados, lo que revierte una prohibición de 1968 y la posibilidad de crear un entramado de pequeñas y hasta medianas empresas.
Esto tenderá a expandir el universo de 143 mil pequeños negocios autorizados en la isla el año pasado, efecto de las medidas adoptadas para paliar el “período especial” posterior a la caída de la URSS y de la asistencia al régimen.
También se permitirá el alquiler de casas particulares a extranjeros, por supuesto, en los codiciados pesos convertibles (CUC).
En paralelo a esto, se crea un sistema impositivo sin precedentes. Este incluye un gravamen a las rentas, que va de un 25% (para rentas de u$s 200 anuales) a un 50% (para más de u$s 2.000), una tasa esta última muy elevada en términos latinoamericanos.
También se establece un tributo a la contratación de empleados del 25% más otro tanto en concepto de “aportes patronales”. El primero que se calcula sobre cada trabajador para desalentar –aunque se la permite- la “extracción de plusvalía”.
Por último se pagará un 10% sobre las ventas y se introducen gravámenes para el alquiler de locales comerciales.
Todo lo anterior parece demasiado como para alentar un sector privado menos que embrionario, pero la dirección apunta claramente a una apertura de la que no se tiene memoria desde 1959. Sobre todo porque el efecto de los masivos despidos en el Estado podrían generar graves conflictos sociales y políticos, capaces de complicar la estabilidad del régimen, si no van acompañados de un aumento significativo de la ocupación en el nuevo “sector privado”.
Ante la inminencia de los despidos, los cubanos agotaron ayer dos ediciones de la Gaceta Oficial y comenzaron a dirigirse a las oficinas oficiales que registran a los trabajadores por cuenta propia (foto).
Queda por verse cuál será el resultado de esta reforma y si -como se puede esperar- se profundizará en el futuro. Lo que queda claro es que ya nada será igual en Cuba.
Trascendente: Cuba se da su primera dosis de capitalismo

