Las elecciones de mitad de mandato (legislativas y gobernaciones) suelen ser un trago amargo para los gobiernos en Estados Unidos. No es esta la excepción, ya que Barack Obama llega sin ninguna posibilidad de triunfo, con una intención de voto a nivel nacional once puntos menor a la de sus rivales. Es más, se descuenta a esta hora que los republicanos desalojarán a los demócratas de la mayoría en la Cámara de Representantes (que renueva la totalidad de sus 435 miembros) y acortarán su desventaja en el Senado (para el que se votan 37 de un total de 100). Asimismo, los opositores avanzarían en varias de 37 gobernaciones que cambiarán de titular (sobre 50 a nivel nacional). El espectro de una parálisis legislativa, en tal escenario, es fuerte.
Las razones del previsto voto castigo hay que buscarlas en la economía. Estados Unidos ya salió de la recesión, pero su crecimiento es lánguido y el desempleo se mantiene en el 9,5%, situación que persistirá a mediano plazo. Si se observa el caso de estados llave como Florida, sorprende que aún hoy, a dos años vista del estallido de la crisis de las hipotecas, una de cada cinco familias ya haya sufrido el remate de su vivienda o esté en negociaciones con los bancos bajo presión de ejecución.
Si ganan los republicanos, una mayoría del electorado habrá elegido premiar al pirómano y castigar al bombero que no logró apagar del todo llamas que no le son propias. Así es la vida.
Una peculiaridad es que, aun si ganan los republicanos, habrá que agudizar la vista y mirar la interna de ese partido. Puntualmente, cuántos son los miembros del movimiento ultraconservador Tea Party que logren triunfos, para evaluar si se da un corriemiento del eje de poder dentro del Grand Old Party hacia la derecha. Sí, más hacia la derecha, dado que el Tea Party es un grupo ultraconservador, religioso, xenófobo y aun antimercado. Tendencia que, si se cumple, no debería sorprender, toda vez que una regla de la historia indica que las grandes crisis económicas muchas veces son caldo de cultivo de reacciones defensivas de derecha antes que germen de revoluciones socialistas.