Pese a la condena de los organismos internacionales de defensa de los derechos humanos y de varios gobiernos, la iraní Sakineh Mohammadi Ashtiani será ejecutada, probablemente mañana, por un caso de adulterio y, en una denuncia desempolvada con posterioridad a su condena, por supuestamente haber sido cómplice del asesinato de su marido. Cuando se desató el escándalo internacional, el régimen no tuvo mejor idea que obligarla a confesar sus «crímenes» en televisión.
Cabe recordar que la mujer no tuvo derecho a una defensa justa, que el proceso se desarrolló en lengua persa mientras que ella es de etnia y lengua azerí, que su primer abogado terminó en el exilio y que el segundo, cayó preso el 10 de octubre junto al hijo de Ashtiani y dos periodistas alemanes. ¿El delito? La concertación de una entrevista periodística.
El portavoz del poder judicial iraní, Gholam Husein Mohsení Ejaeí, dijo hoy que los dos alemanes pidieron perdón, lo que podría abrir la puerta a su liberación para no atizar aun más la furia internacional.
El régimen fundamentalista de Irán lapida a sus mujeres «adúlteras» y ahorca a sus homosexuales, entre otras barbaridades. En nombre de las «diferencias culturales» y la «relatividad de los derechos humanos» pretende que todo el mundo calle sus crímenes. No lo logrará. Y la mala conciencia por tantos asesinados algún día caerá sobre los culpables.