
Los sectores políticos y mediáticos vinculados al conservadurismo español y a la Iglesia critican hoy a José Luis Rodríguez Zapatero por no recibir al papa Benedicto XVI y por no asistir a los actos que éste presidió en Santiago de Compostela. En tanto, el Partido Popular (al margen: no es raro que en política un nombre haga gala de una característica de la que se carece, como la República Democrática Alemana) señaló que el jefe de Gobierno “no está a la altura de España ni de la sociedad española”.Nada dicen, desde ya, de las proclamas políticas que lanzó el Pontífice, entre las cuales se destacaron las referencias al «laicismo agresivo» de la actual administración, su militancia contra las leyes sobre el aborto y el matrimonio igualitario y su apología del franquismo y su “pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos”. Todo sin las multitudes esperadas y con el desafío de decenas de parejas homosexuales que se besaron ayer al paso del «papamóvil» por las calles de Barcelona (foto).
Una vez más, lo que se pretende es que los gobiernos se sometan a las monsergas de los sacerdotes desde sus púlpitos, a sus premios y sanciones, a su ignorancia de que las sociedades modernas no son monorreligiosas y más aun, ni siquiera religiosas. Un rap que se repite en visitas papales, declaraciones oficiosas de voceros vaticanos, tedéums varios y misas de nuncios apostólicos, allá, acá y en todas partes.
En medio de tantas malas, bien esta vez por Rodríguez Zapatero, que actuó en nombre de la dignidad de una sociedad multicultural y que se pretende digna. Sólo entrevistó al Pontífice en el aeropuerto de Barcelona, al final de la visita.
