Desde hace tiempo Hugo Chávez viene caminando sobre la cuerda floja de la democracia. A su origen indudablemente legítimo (es el presiente votado más veces en América Latina y probablemente del mundo) y a la vigencia de elecciones libres en Venezuela, viene sumando en el ejercicio del poder preocupantes acciones que limitan las libertades.
Otro capítulo de esto último pudo verse ayer, con la fuerte controversia que detonó en ese país por declaraciones de uno de los principales comandantes militares venezolanos, el jefe del Comando Estratégico Operacional, mayor general Henry Rangel Silva. Éste dijo:
- «La Fuerza Armada Nacional no tiene lealtades a medias sino completas hacia un pueblo, un proyecto de vida y un Comandante en Jefe (ndr: Chávez). Nos casamos con este proyecto de país».
- «Para muchos hay algunos líderes militares que no les son convenientes y (dicen) que hay que sacarlos del camino».
- «Los ataques están en la agenda de la oposición. El elemento Fuerza Armada históricamente ha sido utilizado para de alguna manera derrocar gobiernos… Ellos actúan apoyados por terceros países y eso afecta el nacionalismo. La hipótesis (de un gobierno de la oposición) es difícil, sería vender al país, eso no lo va a aceptar la gente, la FAN no, y el pueblo menos».
En negro sobre blanco: un triunfo del antichavismo en los comicios de 2012, una hipótesis difícil pero no descabellada tras lo ocurrido en los comicios legislativos de septiembre, no será acatada por el poder militar. Algo que debe llamar la atención, por caso, en el Mercosur, dado que el ingreso pleno de Venezuela al bloque sólo depende del voto del Congreso de Paraguay.
Desde hace tiempo que la Fuerza Armada Nacional, o Fuerza Armada Nacional Bolivariana tras la última reforma, no actúa como una milicia apolítica en Venezuela. No lo hizo cuando el golpe de 2002, cuando buena parte de la misma actuó en colaboración con los conjurados y otra, se mantuvo leal a Chávez y lo reinstaló en el poder. Tampoco lo hace ahora, tras la purga que se produjo superado aquel trance, con declaraciones como las de Rangel Silva y con realidades como la creación de milicias populares en el ámbito de la FANB. Éstas contarán ya con medio millón de hombres y mujeres en armas el año que viene.
Según consta en el sitio web de la Milicia Bolivariana, el artículo 44 de la Ley Orgánica de la FANB señala como misión del nuevo cuerpo “entrenar, preparar y organizar al pueblo para la defensa integral con el fin de complementar el nivel de apresto operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, contribuir al mantenimiento del orden interno, seguridad, defensa y desarrollo integral de la Nación, con el propósito de coadyuvar a la independencia, soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación”. Es decir, constituir un cuerpo militar de reaseguro para el régimen de Chávez, debidamente armado y permanente, que sirva tanto para enfrentar amenazas externas como interiores.
Tras el golpe de 2002, Chávez sentenció: “La revolución seguirá siendo pacífica, pero ya no será desarmada”. Lo está cumpliendo. Y la democracia cruje en Venezuela.

