A propósito de los planes de apertura económica y reforma del sector estatal cubano, si el régimen castrista se encontraba a las puertas de una «segunda revolución«. Ante ese panorama, nos interrogábamos también si la tendencia incluiría un comienzo de deshielo político, que ya resulta urgente y por el que presiona buena parte de la comunidad internacional.
Es imposible dar respuestas contundentes, pero lo que está ocurriendo en Cuba amerita sin dudas una atención especial. El acuerdo entre el gobierno y la Iglesia cubana para la puesta en libertad de los 52 disidentes que quedaban presos del grupo de 75 caído en desgracia en la «primavera negra» de 2003 había tropezado semanas atrás con un escollo: 13 de ellos se negaban a marchar al exilio español. Liberarlos, como se comenzó a hacer, sin condiciones y sin obligación de exiliarse, coloca a Raúl Castro ante el dilema de tolerar con mayor flexibilidad la disidencia interna o enfrentarse más duramente con la Iglesia y España (la Unión Europea), los garantes del entendimiento.
Cuba apuesta con esta medida a que la UE normalice la relación (congelada en el último tiempo, entre otras cosas por lo ocurrido en la «primavera negra»), algo vital también para lograr la deseada llegada de más inversiones extranjeras que forma parte de los planes de reforma económicas que serán sometidos al Congreso del Partido Comunista que se realizará en abril.
La cuestión es que tras las dudas ayer fue puesto en libertad el más veterano del grupo de trece, Arnaldo Ramos (foto), de 68 años, quien, ni bien salió, concurrió a una misa que se transformó en un acto político, realizó declaraciones fuertes y prometió quedarse en el país para militar por su democratización.
Entre otras cosas, dijo que «no veo nada serio (en los planes de apertura económica). No creo que se esté haciendo nada que pueda cambiar la situación. Se va a pasar del estancamiento al caos si no hay al menos una verdadera apertura económica, aunque debiera también ser política».
«Hasta que no haya una apertura franca, no creo que se esté haciendo nada que pueda cambiar la situación de estancamiento que hay actualmente», agregó el disidente, fundador del ilegal Instituto Cubano de Economistas Independientes, liderado hoy por Martha Beatriz Roque.
«Voy a seguir con las mismas actividades que tenía antes de caer en prisión, que no son delictivas sino de oposición», prometió.
Ante esto cabe preguntarse si el régimen lo enviará a prisión más temprano que tarde (lo que le valdría un recrudecimiento de su aislamiento internacional) o si, en cambio, será más flexible con su actividad y la de los otros inminentes liberados. De la respuesta a ese interrogante dependerá mucho de lo que pase en el corto plazo en Cuba. Conviene estar atento.