Se sabe que Haití es el país más pobre del área América Latina-Caribe y, acaso, uno de los más pobres del mundo. Se sabe también que el terremoto del 12 de enero dejó 250.000 muertos, 300.000 heridos y un destrozo abrumador de la ya frágil infraestructura del país. Luego, a principios de este mes, un huracán terminó de barrer con lo poco que quedaba en pie.
Antes de esos desastres, el 70% de los 10 millones de habitantes del país vivía en la pobreza extrema y apenas 12% tenía acceso a la red de agua; después de ellos, ya casi ni vale la pena hacer estadísticas al respecto.
En estos días se suma el cólera a la lista de estragos, con un saldo provisorio de 1.100 muertos (hasta anoche) y el espectro de que el mal llegue a los campamentos en los que se hacinan 1,5 millones de víctimas de los desastres naturales. Directamente, sería la pesadilla.
¿Cómo? ¿Tantas personas sin techo, ni siquiera el más que precario que tenían antes? Si el mundo había prometido una ayuda tan, pero tan grande que el país terminaría brillando por su infraestructura…
Hoy las crónicas internacionales se centran, además del cólera, en las manifestaciones violentas contra los cascos azules de la ONU, que intentan mantener un cierto orden en el país. Para hacerlo ya no reparten víveres, sino gases lacrimógenos y balas; algunos hablan de 3 muertos y decenas de heridos; la MINUSTAH admite un solo muerto.
Las muchedumbres, dicen (y es cierto) acusan a los soldados nepaleses de haber introducido el cólera en el país y los hostilizan para que se vayan. Bárbaros… Es más, algunos recuerdan la endémica ingobernabilidad del país y en términos que disimulan mal el racismo.
Nada dicen sobre otra verdad. Que el mundo le prometió una y otra vez a ese pueblo abandonado una ayuda que nunca llegó. Eran tiempos en que hasta la selección de fútbol de Brasil acudía simpática a entretener a los menesterosos.
Los gobernantes internacionales que reunieron el 31 de marzo en la sede de la ONU con cara de buenos reunieron compromisos de auxilio por u$s 9.900 millones para la reconstrucción del país, u$s 5.300 millones sólo para los primeros 18 meses. Y que, de ellos, ha llegado hasta ahora la bonita suma del 2%, según denunció el gobierno haitiano sin que nadie lo desmintiera. Ni siquiera hubo pastillas potabilizadoras de agua suficientes, lo que habría evitar el brote. Acaso así se entienda un poco más la furia de esa gente contra el mundo.
Cólera


