El telebeam la muestra en flagrante off-side, pero Hillary Clinton no siempre dice una cosa en privado y otra en público. Los cables que fueron y vinieron entre el Departamento de Estado y la embajada de EE.UU. en Argentina hacen, a la luz de tantos elogios públicos que se han producido (Hillary hablando del desendeudamiento argentino, Bill ponderando las bondades del país para las inversiones), un inesperado homenaje al título de este blog
El contenido de los mismos, al menos por lo revelado hasta ahora por El País y Le Monde, así lo atestigua. Sin embargo, la canciller de Barack Obama dijo ayer, mientras intentaba explicar lo inexplicable, que digan lo que digan los cabes de sus embajadas, la política exterior de los Estados Unidos no se diseña en aquéllas sino en el Departamento de Estado de Washington.
Y es cierto. De ese modo, lo que Sergio Massa haya dicho sobre Néstor Kirchner, por caso, es parte simplemente de una chismografía más propia de la revista Caras que de la información de calidad que uno espera fluya por esos carriles. Dicho esto, no deberían asombrar luego algunas torpezas de la diplomacia estadounidense en diferentes escenarios.
El material para leer es abundante, y sería ocioso hacer aquí un resumen que puede encontrarse en la prensa local e internacional. Pero valen un par de aclaraciones.
Lo que vos estás leyendo viene muy, muy mediatizado. Primero, el material pasa por el tamiz de los diarios que tienen acceso directo a todos los textos en cuestión, por caso El País y Le Monde. En cuanto al primero, corresponde recordar que mantiene inversiones en medios de nuestro país, que representa los intereses de lasa privatizadas de origen español y que ya es hora de dejar de hablar del grupo Prisa como de uno de orientación socialista. Es una gran empresa, con todo lo que ello influye en la línea editorial de un multimedio.
Esto no es menor: desde el anticipo sobre la “preocupación” de Hillary sobre la “salud mental” de Cristina Kirchner, efectuado el domingo, hasta la difusión del material correspondiente ayer y hoy, medió un largo tiempo en el que el tópico quedó hábilmente instalado. Sin embargo, ese dejo a la cuestión de la bipolaridad publicada sin base alguna por la revista Noticias el 26 de noviembre de 2006, deja paso a una realidad muy diferente cuando se consulta el material de primera mano.
Así, la cuestión de la “salud mental” es, en verdad, una consulta sobre el “estado mental y la salud” de la mandataria. Una sutileza, pero no menor, ya que el trazado del perfil psicológico de un líder internacional es parte obvia y corriente del trabajo de la embajada en cuestión. También las embajadas argentinas en el exterior lo realizan.
En el cable firmado por “Clinton”, se piden referencias sobre cómo reacciona Cristina en situaciones de presión, cómo es el trato con sus subordinados, si tiene o no visión estratégica de los temas, etcétera, dado que la información con que se cuenta sobre ella es insuficiente. Nunca se sugiere una sospecha de desequilibrio, aunque la cuestión haya sido hábilmente instalada en esos términos. Luego, incluso, indaga sobre los problemas intestinales que padecía Néstor Kirchner. Para algunos la palabra de Estados Unidos es santa, aun cuando no sea tal.
Después del tamiz de El País, hay otros, ya en la prensa argentina, en la que esas distorsiones se magnifican y se omiten otros aspectos beneficiosos para el gobierno.
Por caso, mientras se amplifica la opinión de que los Kirchner no tienen idea de las reglas de la diplomacia, se omite la idea de Estados Unidos de que el gobierno kirchnerista es un factor de estabilización en la región, al lograr contener los aspectos más radicales de las políticas de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. También que el país es un aliado en materia nuclear, tema que al parecer Cristina Kirchner reclama Estados Unidos no pondera lo suficiente en relación con las rebeldías de Lula da Silva. Además, que eran absurdas las suposiciones sobre un “giro chavista” del gobierno nacional tras la derrota electoral del año pasado, temas todos (permítaseme la vanidad) sobre los que insistí hasta el hartazgo en este blog y en mis artículos de Ámbito Financiero.
Tampoco, y esto es acaso más relevante, se menciona siquiera la durísima crítica de Estados Unidos al “enfoque sensacionalista” de la cobertura de la prensa local en general, y del diario la Nación en particular sobre la áspera visita que hizo al país en diciembre del año pasado Arturo Valenzuela, el encargado de la diplomacia de Estados Unidos para la región. En el cable se lee:

  • “Valenzuela (…)ofreció el 16 de diciembre una mesa redonda. Inmediatamente después los medios argentinos comenzaron a enfocarse casi exclusivamente en una definición suya sobre la preocupación de la comunidad de negocios estadounidense en Argentina sobre el imperio de la ley y el manejo de la economía en el país. La prensa reportó que Valenzuela contrastó esas preocupaciones ‘con el entusiasmo y las intenciones de inversión’ de la comunidad de negocios estadounidense en 1996 …
  • “Como un ejemplo de la naturaleza sensacionalista de esos reportes, el título principal de la portada de La Nación el 17 de diciembre dijo: ‘Choque con EE.UU. sobre el imperio de la ley en Argentina’, y el 18, ‘Protesta a EE.UU. por la crítica del enviado de Obama’…”.

Luego el texto relata las reacciones oficiales argentinas, la satisfacción de la Cámara de Comercio Argentina-EE.UU. por los dichos de Valenzuela y la ratificación de las debilidades institucionales del país, que sólo pueden ser negadas -dice- por los kirchneristas extremos, las que da por probadas, entre otros elementos, por los dichos de la oposición y los medios de comunicación. Un razonamiento circular, basado en dichos, que no pasaría un examen de lógica de primer año en ninguna facultad de Filosofía del mundo.
Con todo, llama la atención, que no se refleje la queja de la embajada por el “sensacionalismo de la prensa”, que –dijo- se centró exclusivamente en esa cuestión “a pesar de la variedad de temas tratados por Valenzuela».
Todo el cable parece una justificación ante la superioridad jerárquica del alboroto generado por los dichos del funcionario (quien no pareció bien informado sobre el clima de la relación prensa-gobierno, lo que haría que la primera utilizara su viaje como insumo), de la pertinencia de haber expuesto las quejas de las empresas estadounidenses y del éxito en haber cerrado el conflicto con el gobierno argentino y en haber preservado el buen estado de la relación.