A fines de mayo, citábamos la frase que le disparó a quemarropa en el Parlamento español el líder de la bancada del nacionalismo catalán, Convèrgencia i Unió (CiU), Josep Antoni Duran i Lleida, a José Luis Rodríguez Zapatero: “Su etapa está ya finiquitada. No convoque elecciones ahora porque lo peor que podría llevar a este país en plena crisis económica es quedarnos sin gobierno. Haga los deberes que le imponen desde fuera y (luego) convoque a elecciones, que es lo que espera y necesita este país”.
Impiadosa referencia, cuya primera parte, la de hacer los deberes, se va cumpliendo rigurosamente. A las primeras y dolorosas medidas de ajuste (congelamiento de las jubilaciones, reducción del 5% en los salarios de los empleados estatales) acaba de seguir una segunda andanada, que se parece más a raspar el fondo de la olla: privatización parcial de los aeropuertos y la lotería, eliminación de la ayuda de 426 euros a los desocupación de vieja data (en un país con 4 millones de desempleados, casi el 20% de la población activa, y que en un 40% viven en hogares sin ingresos), más impuesto al tabaco, entre otras medidas.
El efecto benéfico de estas medidas sobre la crisis económica está lejos de verse, pero ya despunta el tsunami político que se avecina. Según una encuesta de Mostroscopia difundida ayer por el diario El País, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) registra la peor intención de voto de su historia, cayendo al 24,3%, nada menos que un récord de 18,8 puntos por debajo del conservador Partido Popular. La caída es en picada: nada menos que 10 puntos en un mes.
El dato de un Partido Socialista haciendo un ajuste tan dramático podría tener efectos de larga duración en la política española, dejando debilitado por años al centroizquierda. Lo que no debe olvidarse, es que se dan situaciones análogas en Grecia y Portugal, además de en Irlanda, donde, si bien no gobierna el socialismo, las actualidades están algo a la izquierda de las que podrían asumir el poder después de las elecciones que tendrán lugar en los primeros meses del año próximo.
La caída en picada de Zapatero (y del centroizquierda europeo)

