Son esas cosas que uno se propone postear y luego, por la vorágine diaria, las olvida. Corresponde retomarlas, entonces. El jueves 18 de noviembre, Barack Obama se mostró junto a su secretaria de Estado, Hillary Clinton, y dos antecesores de ésta, Madeleine Albright y Henry Kissinger (foto de arriba) para abogar por la pronta aprobación legislativa de un nuevo tratado de desarme misilístico con Rusia.
Apenas un día antes, el director del Proyecto de Documentación de Chile perteneciente al Archivo Nacional de la Universidad George Washington, Peter Kornbluh, había entregado al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago unos 24.000 documentos desclasificados que comprueban el apoyo brindado por Estados Unidos al golpe de Estado de 1973 contra Salvador Allende. Algo sabido, pero muy interesante de comprobar en sus detalles en transcripciones de diálogos reservados.
En estos tiempos en los que WikiLeaks cautiva al mundo con pocos datos realmente interesantes y muchas obviedades y estupideces, llama la atención leer en uno de esos documentos la transcripción de un diálogo entre Kissinger y Augusto Pinochet.
«Deseamos que el suyo sea un gobierno próspero. Queremos ayudarlo y no obstruir su labor». Usted «es víctima de todos los grupos de izquierda del mundo, y su mayor pecado no ha sido otro que el de derrocar un gobierno que se convierte al comunismo», le dijo el estadounidense al chileno minutos antes de brindar un discurso sobre derechos humanos en la OEA.
De acuerdo con Kornbluh, de los documentos surge la comprobación de una sospecha ampliamente difundida: que Kissinger «fue el arquitecto del plan que intentó derrocar a Allende entre 1970 y 1973».
Volvamos al principio: un día después de la entrega de los documentos, Obama recibió a Kissinger y, a modo de reivindicación histórica, lo sentó a su izquierda (¡caramba!). El mismo presidente que ha abominado de las torturas pero se negó a promover una investigación sobre las que se practicaron en Guantánamo y las cárceles secretas de la CIA.
Se sabe: Estados Unidos nunca olvida y siempre reivindica a los grandes hombres que han servido su causa.
Obama, Kissinger, Pinochet y la causa de la libertad


