Aunque aún no se conocen los datos totales del Censo 2010, la información parcial divulgada ayer en Santa Cruz permite echar algo de luz sobre la cuestión de la inmigración, tan meneada en los últimos días, al punto de que dio lugar a un verdadero pogromo racista que nos debe llenar de vergüenza.
Dice hoy La Nación:

“En la Capital (…) del total de habitantes, el 11 por ciento es extranjero; de ese porcentaje el 6% es oriundo de países limítrofes”.

Recordemos que la Ciudad de Buenos Aires fue donde se produjo dicha cacería de bolivianos pobres, paraguayos pobres y argentinos pobres, y que fue el jefe de Gobierno del distrito, Mauricio Macri, quien salió a hablar de “inmigración descontrolada” justo cuando algunos “vecinos” preparaban los palos y algunos barrabravas cargaban sus pistolas. Tan poco feliz…
Observemos ahora los datos del Censo 2001, en plena crisis económica y social, foto de una Argentina de la que se iban no sólo los inmigrantes sino también los propios argentinos. Del gráfico siguiente, surge que entonces el porcentaje total de extranjeros que residían en el distrito era incluso mayor que el actual, y el de los nacidos en países limítrofes, algo menor. ¿Dónde está la “inmigración descontrolada”?

No la hay, aun cuando desde 2003 el país vivió un verdadero auge económico, con un crecimiento a «tasas chinas» que, sin dudas, debería haber fomentado procesos migratorios hacia la Ciudad. La realidad marca que la tendencia es bastante estable en el largo plazo en cuanto al número de extranjeros que viven en el país y que, a la postre, no hay tal descontrol.
Lo descontrolado, parece, es sólo la mezcla de racismo, ignorancia, prejuicios y violencia que tantos expresaron en los últimos días, envalentonados por la validación de su discurso hecha desde lo más alto del poder. Lamentable.