Aunque aún no se conocen los datos totales del Censo 2010, la información parcial divulgada ayer en Santa Cruz permite echar algo de luz sobre la cuestión de la inmigración, tan meneada en los últimos días, al punto de que dio lugar a un verdadero pogromo racista que nos debe llenar de vergüenza.
Dice hoy La Nación:
“En la Capital (…) del total de habitantes, el 11 por ciento es extranjero; de ese porcentaje el 6% es oriundo de países limítrofes”.
No la hay, aun cuando desde 2003 el país vivió un verdadero auge económico, con un crecimiento a «tasas chinas» que, sin dudas, debería haber fomentado procesos migratorios hacia la Ciudad. La realidad marca que la tendencia es bastante estable en el largo plazo en cuanto al número de extranjeros que viven en el país y que, a la postre, no hay tal descontrol.
Lo descontrolado, parece, es sólo la mezcla de racismo, ignorancia, prejuicios y violencia que tantos expresaron en los últimos días, envalentonados por la validación de su discurso hecha desde lo más alto del poder. Lamentable.

