Los principales diarios españoles han proyectado siempre una imagen más que negativa de las dos administraciones kirchneristas. El principio de esa mala relación se remonta al comienzo de la actual era política argentina, en 2003, cuando Néstor Kirchner protagonizó en Madrid un encontronazo con los principales responsables del empresariado español con intereses en la Argentina, cuyos reclamos por un aumento de tarifas, entre otras reivindicaciones, rechazó.

Esa visión negativa es común tanto a diarios de centroderecha como El Mundo o ABC como al otrora progresista El País, que suelen presentar al kirchnerismo como un apéndice del chavismo.
Llama por eso la atención el resultado una reciente encuesta realizada por el Instituto Elcano, una prestigiosa fundación española que, entre otros sondeos, releva periódicamente la imagen de diferentes líderes internacionales en la opinión pública española.
Según el estudio, éste es el ranking obtenido, en el que diferentes jefes y ex jefes de Gobierno fueron puntuados en una escala del 0 al 10:

  1. Angela Merkel, 5,9
  2. Barak Obama, 5,8
  3. Néstor Kirchner, 5,6
  4. José Durao Barroso, 5,5
  5. Sebastián Piñera, 5,4
  6. Lula da Silva, 5,3
  7. David Cameron, 5,1
  8. Nicolas Sarkozy, 5,1
  9. Catherine Ashton, 5,1
  10. Herman Van Rompuy, 4,9
  11. Juan Manuel Santos, 4,8
  12. Silvio Berlusconi, 3
  13. Raúl Castro, 2,3
  14. Mahmud Ahmadineyad, 2,3
  15. Hugo Chávez, 1,7

Sorprende realmente que Kirchner, el único expresidente del listado, figure tercero sólo detrás de Merkel y Obama y más alto que el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, tan promocionado por la prensa internacional, que el chileno Piñera o que el colombiano Santos.

Pueden elaborarse hipótesis al respecto, como el efecto de la reciente muerte del ex presidente argentino, el reflejo de una mejor valoración dentro de nuestro país o los efectos de la crisis económica sobre una sociedad como la española que observa a sus líderes políticos demasiado alejados de sus viejas ideas progresistas y demasiado sensibles a las “recomendaciones” de organismos como el Fondo Monetario Internacional.
Pero son sólo hipótesis. Lo concreto es que en este caso se comprueban, como en la Argentina, los límites de la influencia de los medios de comunicación, límites que no pueden correr ni siquiera las filtraciones de WikiLeaks, tan cebadas en los primeros días de la cobertura en las noticias referentes a nuestro país.
A propósito, en medio de las presiones de Estados Unidos y del propio Julian Assange, el director de WikiLeaks acosado judicialmente, ¿qué han hecho en los últimos días los cinco medios internacionales que controlan el material con las filtraciones, tan mermadas en volumen y espectacularidad? ¿Por qué el frenesí de divulgaciones sobre la Argentina se detuvo totalmente?