El reconocimiento de Argentina y Brasil a la independencia palestina impactó con fuerza en Israel. Por el peso de los dos países (en el caso del nuestro, alberga a una de las comunidades judías más numerosas de la diáspora, y en el del vecino, por ser una nación emergente de importancia), pero especialmente por el efecto demostración que podía generar.
En primer lugar, eso se verificó en la región, con Bolivia y Ecuador siguiendo esos pasos, y con Uruguay dispuesto a hacerlo el año que viene. Así, el número de naciones que reconocen un Estado palestino dentro de las fronteras previas a la guerra de 1967 (aunque esto con matices, como en el caso argentino) ya ronda el centenar.
Segundo, por la posibilidad, políticamente más significativa y dolorosa para el Estado judío, de que hagan lo propio varios países europeos, lo que ampliaría ese círculo a jugadores más importantes de la comunidad internacional y acentuaría el aislamiento del gobierno de Benjamín Netanyahu.
Esto ya es más que una presunción o un temor difuso. Lo acaba de confirmar la canciller española, Trinidad Jiménez (foto), quien en entrevistas concedidas hoy a la prensa de su país anticipó que su gobierno y otros de la Unión Europea darán ese paso crucial a lo largo de 2011.
Habrá que ver cómo juega Estados Unidos en esto, si deja que esa carta se juegue como un modo de presionar a Israel para que frene la colonización de Cisjordania y Jerusalén oriental, o si presiona en contra y consolida la política de resignación de Barack Obama en torno al conflicto.
Por lo pronto, el tema se instaló con fuerza dentro del gabinete israelí, con los miembros más moderados presionando por un compromiso a fondo de su gobierno en el diálogo de paz. Una alternativa que no sería aceptada por el partido Israel Beitenu (Israel Nuestro Hogar) del canciller ultranacionalista Avigdor Lieberman y que, de ensayarse, se traduciría de inmediato en la fractura de la coalición de Netanyahu.