Que Grecia, que Irlanda, que Portugal, que España. Que los mercados suben unos días y después vuelven a desplomarse, no vaya a ser que la modesta recuperación haya sido un exceso de optimismo… La crisis del euro es indisimulable, y la brutalidad de los ajustes en marcha, dispuestos para preservar los intereses de los bancos y los especuladores al costo que sea, hacen preguntarse a muchos si sus objetivos, además de injustos no son acaso incumplibles.
Hoy se sabe que el apoyo al gobierno conservador-liberal británico, que asumió hace apenas siete meses, se ha desplomado 16 puntos. El ajuste (suba del IVA del 17,5% al 20%, recortes en educación, reducción de beneficios sociales, masivos despidos en el Estado) hizo que el respaldo popular pasara del 59% al 43%, y que el rechazo trepara del 32% al 47%. Según el sondeo de ICM-The Guardian, ya son más los que se oponen que los que acompañan.
Mientras, en el principal país de la Unión Europea (Alemania, ¿cuál otro?), una encuesta publicada ayer por Bild indica que el 49% de sus ciudadanos desea abandonar el euro y regresar al marco.
El estudio, realizado por el instituto You-Gov de Colonia, indicó que el respaldo a la moneda única es de sólo el 41% de los alemanes. El euro sumará a su 17° miembro, Estonia, el 1 de enero; lo que no se sabe es si alguno de los anteriores países del club nacido en 1999 podrá seguir pagando la cuota…
Según Bild, el 51% se declaró insatisfecho con el cambio monetario, mientras que sólo un 17% lo consideró beneficioso. El 67%, mientras, pone en duda su estabilidad.
Todo un dato político, cuando la aplicación de un esquema de “salvataje” permanente a partir de 2013, de monto al parecer ilimitado, depende, en buena medida, del aporte alemán, esto es de los impuestos que el gobierno de Angela Merkel les cobra a sus ciudadanos-votantes.
Comienza una carrera contra reloj entre la crisis económica en la eurozona y los tiempos políticos. Final abierto.