Lo de Evo es una jugada de alto riesgo, que en otro tiempo ha volteado gobierno, claro, más débiles que el suyo. Pero lo visto hoy en El Alto y la Paz, las manifestaciones masivas, los intentos de saqueo, las refriegas con la policía y una corrida bancaria peligrosa, son una fulgurante luz amarilla.
Bolivia y Venezuela, los dos modelos emblemáticos del eje bolivariano, están hoy en crisis. Uno, por un cúmulo demasiado grande de subsidios a la energía, que no se podían seguir sosteniendo. El otro, por la erosión persistente de una inflación elevada sobre un tipo de cambio fijo.
Son dos ejemplos extremos pero no ajenos a lo que ocurre en Argentina, que está hoy lejos de sufrir problemas agudos como los de sus vecinos pero que debería ver en lo que allí ocurre dos advertencias acerca de los límites de ciertas políticas. Límites que obligan a hacer “sintonía fina” para no toparse con sorpresas desagradables. Y para evitar que algunos, los que siempre juegan al fracaso, comiencen a sentir el fuego de la ilusión.

