La Constitución brasileña impone que la asunción de los presidentes se realice un 1 de enero cada cuatro años. Un  incordio para visitantes, líderes extranjeros invitados, periodistas, personal de seguridad, y siguen las firmas.
Pero la ocasión amerita. Asume Dilma Rousseff, la primera mujer presidente de la historia brasileña. Dará continuidad al actual proyecto político, que, dada la oferta electoral, es lo mejor que podía esperar la Argentina. Acudirán casi cincuenta jefes de Estado y de Gobierno. Estarán todos los latinoamericanos. Irá Hillary Clinton, una presencia de alto perfil para el protocolo de Estados Unidos, posible preludio de un acercamiento de la diplomacia del nuevo gobierno, que estará a cargo de Antonio Patriota, un exembajador en ese país que, se especula, dejará atrás los desplantes recientes de Celso Amorim.
Además, hay que recordar que el bajo perfil que Dilma eligió durante la transición incluyó que, contra lo previsto, no viajara a Mar del Plata para la Cumbre Iberoamericana y que ni siquiera estuviera en Foz do Iguazú en la última reunión del Mercosur. El encuentro con Crisitina Kirchner se demora, aunque seguramente eso no será un problema.
Pese a todo, Cristina no irá. El canciller Héctor Timerman explicó que el faltazo tiene que ver con que éste será el primer Año Nuevo de la familia Kirchner sin Néstor. Ampliamente entendible. También acierta cuando invita a no politizar una cuestión personal, debidamente explicada al vecino y, según los dichos del asesor Marco Aurélio Garcia, claramente comprendida.
Sin embargo, ¿era necesario esperar tantos días para explicar eso, dar lugar a todo tipo de conjeturas descabelladas? Éstas llegaron al extremo de incluir lucubraciones sobre el prólogo que Lula da Silva escribió en el último libro de Eduardo Duhalde… En fin.
Aunque entendible, la ausencia de Cristina proyecta, lo quiera o no, sea justo o no (y probablemente no lo sea) una imagen de vulnerabilidad personal, algo que no es bueno dada la evidencia del juego salvaje e impiadoso que algunos han mostrado en el último tiempo. La política, se ha visto, no es respetuosa con los duelos personales.
Ojalá pronto pueda superar el mal trance.