Reconozco que lo he atendido una y otra, y otra, y otra vez. Pero no es nada personal. Con esa tranquilidad de conciencia, te contamos que el apoyo ciudadano al presidente uruguayo, José Mujica, cayó nada menos que 23 puntos en los últimos seis meses. Claro, partió de un nivel muy alto y hoy aparece estacionado en un 48% para nada despreciable. Pero preocupan la tendencia y las causas de ella.
Según Equipos Mori, una de las encuestadoras de referencia en Uruguay, Mujica empezó su gobierno el 1 de marzo de 2010 con un nivel de aprobación del 60%. Gracias a la solución del caso UPM (otrora Botnia), la reapertura del puente entre Gualeguaychú y Fray Bentos y un amago de acuerdo con la oposición (a la que incluso le ofreció cargos de tercer nivel, pero con cajas) el consenso subió de inmediato al 71%. En julio, cayó al 70%, en agosto al 63%, en octubre al 57% y cerró el año con un 48%.
La encuesta cita entre las causas del declive cierta mora en el cumplimiento de procesas de campaña, la falta de avances en materia de seguridad y las internas dentro del Frente Amplio. Éstas se dan, básicamente, en la pelea con los empleados públicos en lo que hace a presupuesto y salarios, y en la falta de vocación del Poder Ejecutivo en avanzar en la derogación de la Ley de Caducidad (amnistía), que si bien fue ratificada dos veces en referéndum, contradice los tratados internacionales que firmó el país y que hace imprescriptibles los delitos de lesa humanidad.
Si se mira bien, las dificultades pasan por no poder cumplir lo prometido a derecha (más seguridad, consensos permanentes con la oposición conservadora) y a izquierda (juicios por el pasado violento, mayor distribución del ingreso nacional).
Acaso ése sea el verdadero motivo. A largo plazo, es muy difícil gobernar conformando a todo el mundo y el consenso tiene los límites que le fija el nivel de reformismo que se le quiere introducir a la gestión del gobierno.

Mujica parece tener un discurso según sea la platea que lo escucha. El riesgo, al final, es no conformar a nadie.