Me voy a tomar la libertad de salir de la política internacional y refrescar brevemente una cuestión idiomática lamentablemente ignorada en muchos medios de comunicación importantes. El exceso de «copy-paste» se traduce muy frecuentemente en una traducción servil al castellano de la palabra inglesa billion y de la portuguesa bilhão. Se las trascribe con demasiada frecuencia como «billón», cuando en realidad en ambos casos quieren decir «mil millones». Asimismo, trillion y trilhão, respectivamente, deben traducirse como «billón».
Esto lleva a errores como hablar del PBI de Estados Unidos como si fuera de casi «15 trillones de dólares», cuando en realidad es de unos 15 billones, o del de Brasil como si fuera de «1,2 trillones de dólares» cuando es de 1,2 billones. Claro, comparar este último con el argentino, de «apenas» 350.000 millones de dólares (ahí no hay problemas de traducción) es más atractivo para contrastar el éxito de los buenos con el fracaso de los malos…
Asimismo, por caso, el gasto público brasileño fue cifrado el fin de semana por un columnista destacado en un diario muy importante en «616 billones de reales», unos 365 billones de dólares, cifra que no existe en la Vía Láctea. Así, se debería hablar de unos mucho más módicos 616.000 millones de reales.
Como referencia, para no perder las proporciones, digamos que si el PBI de Estados Unidos es, dólar más o menos, de unos 15 billones de dólares, y que da cuenta del 20% de la riqueza mundial, lo que todos los países producen en un año debería valuarse en alrededor de 75 billones de dólares.
Cualquier otra cifra no existe si se habla de dinero y no de años luz.