“Es como una mina: al principio es más fácil sacar el oro y luego ya se encuentra menos. Probablemente tengamos que modificar los sistemas informáticos con los que buscamos información relevante a partir de la búsqueda de palabras clave”. Así me explicó ayer Javier Valenzuela, editor adjunto del diario El País, en un diálogo mantenido en radio El Mundo el súbito silencio de los cinco medios internacionales elegidos para difundir al mundo la filtración de WikiLeaks de un cuarto de millón de cables del Departamento de Estado. Negó, asimismo, que los problemas judiciales del director de WikiLeaks, Julian Assange, tengan que ver con la sequía informativa: “Esos cables ya no le pertenecen a él”, agregó.
Me siento un poco decepcionado. Lo dije y lo sostengo: el oro prometido fue, básicamente, un rejunte de chismes. ¿Por qué no hay nada sobre la actuación de Estados Unidos en Irak, Afganistán, Pakistán, nada sobre torturas, nada sobre otros entresijos oscuros de la “guerra contra el terrorismo”, nada vinculado a grandes empresas, nada sobre los “periodistas cautivos” de las embajadas estadounidenses”? Claro, mucho se ha negociado por “razones de seguridad” (¿?), según han admitido El País, The New York Times, The Guardian, Der Spiegel y Le Monde. Tanto que las últimas “revelaciones” han provenido de medios noruegos…