Irlanda, Catar, Georgia, Omán, Armenia, El Salvador, Botswana, Perú, Barbados, Trinidad y Tobago, Malta, Jamaica, Panamá, Cabo Verde, Albania, Belize, Namibia, Ruanda, Montenegro, Kazajistán, Paraguay, Guatemala, Uganda, Madagascar, Samoa, Burkina Faso, Zambia, Azerbaiyán, Marruecos, Mongolia, Gana, Swazilandia, Nicaragua, Honduras, Túnez, Camboya, Bután, Bosnia-Herzegovina, Gambia, Kenia, Sri Lanka, Mozambique, Malawi, Senegal, Costa de Marfil, Pakistán, Bangladesh, Haití, China, Guinea… y Argentina.
No, no es el listado de países clasificados para el Mundial 2014. Es parte (en orden, pero no completo), del último ranking del Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation, elaborado por este emblemático think tank conservador de Estados Unidos y The Wall Street Journal. Material tomado por parte de la prensa argentina como relevante (para algo se lo publica).
Según el mismo, tras un bloque inicial conformado por los conocidos países más desarrollados, se va desgranando, con otras presencias intercaladas, el listado que encabeza esta entrada. A la Argentina le corresponde el puesto 138 sobre un total de 183 países relevados, algo al parecer muy malo. Es más, pese a que el país “mejoró” su puntaje en lo que hace a la apertura de su economía en 2010, no lo hizo en la medida que otros lo lograron, por lo que cayó en el ranking. Igual, logramos superar por un pelito a potencias como Laos o las Islas Seychelles.
La Nación nos explica que “el indicador está elaborado sobre la base de 10 variables, como costos laborales, clima inversor, política monetaria, niveles de corrupción y la participación que tiene el Estado en la economía. En los puntos donde la Argentina está más floja es derechos de propiedad, donde suma 20 puntos, y libertad financiera, con 30 puntos. El panorama tampoco es muy alentador en el combate a la corrupción, ítem en el cual el país obtuvo 29 puntos, lo que lo ubica entre las naciones más corruptas del planeta”. (Subtitulado al pie de la pantalla, en el mismo orden: despido libre, que las empresas hagan lo que quieran, ortodoxia económica, si es más fácil o más difícil arreglar con los funcionarios de turno y si el Estado se borra o si equilibra aunque sea un poquito los tantos).
Uno quiere ser respetuoso, pero cuesta creer que gente grande, formada y profesional, maravillosamente remunerada, pueda ya sea elaborar o bien dar crédito a una pavada de este calibre. Y hacerlo repetidamente, a través de los años, además (¿pertenecerán a alguna secta esotérica?). No olvidemos que está de por medio The Wall Street Journal, sin dudas un diario de los más importantes del mundo, más allá de cualquier consideración ideológica.
Si un país de ingresos medios como la Argentina, que creció un 70, 80% en los últimos siete años, que redujo la pobreza del 57% al 23% (por citar insospechadas estimaciones privadas), que redujo el desempleo del 21% al 7,5% (ídem de lo anterior), ¿puede saberse qué importancia tiene que su nivel de apertura económica sea menor que el de la devaluada Irlanda de estos días (la gran decepción de los cruzados del Estado ausente) o de Burkina Faso?
¿Nadie se da cuenta, por citar un solo caso extremo, de que se ranquea mejor que a la Argentina a Haití, el país más pobre de este hemisferio, uno de los más miserables del mundo, devastado por su historia y por el sismo de hace un año, víctima hoy de una trágica epidemia de cólera, con 800.000 personas malviviendo en campos de refugiados y el 90% del resto agonizando en villas miseria gigantescas e inefables? Eso sí, su nota mejoró el año pasado en 1,3 punto…
Así, las cosas, pareciera que el ranking de Libertad Económica es un listado de países centrales (cuyo “negocio” es, necesariamente, el libre mercado), seguido por una interminable retahíla de puertos libres eternamente subdesarrollados (con todo el respeto). Entendido de esta manera, ¿para qué sirve entonces el libre mercado? ¿Para mejorar como Haití, como el Túnez en llamas de estos días, como, digamos para ir terminando, Mongolia?
Uno se pregunta si algunos tienen un problema metodológico o, más aun, uno conceptual. O las dos cosas. O acaso algo todavía peor…
A confesión de parte, relevo de pruebas.
A veces hay pavadas que asombran

