¿Una bomba, no? Ya sabés que la chica de la foto se llama Karima El Mahroug, que tiene 18 años y que está en el centro de una investigación judicial que busca determinar si Silvio Berlusconi tuvo relaciones sexuales con ella cuando ésta aún era menor de edad.
Sabés también que una serie de escuchas complican seriamente al primer ministro italiano, las que sugieren que efectivamente le pagó por sexo desde que la chica tenía 16 años, que ella le pidió 5 millones de euros para no escracharlo, que sus favores eran parte de los que brindaba un harén de prostitutas y que éstas recibieron, además de dinero por sus servicios, el usufructo gratuito de departamentos de lujo en Milán. Además, recordarás que Berlusconi sacó de la cárcel a Karima, “Ruby Robacorazones”, que había sido detenida por robarle 3.000 euros y un collar de oro a una amiga brasileña, alegando que era una pariente del egipcio Hosni Mubarak. ¡Qué vivo, cómo se debe haber reído!
Pero vayamos a lo nuestro. Es obvio que la imagen de loba de la joven da para todo tipo de bromas masculinas y para la confesión de variadas fantasías. ¿Es una puta finalmente, o no? También que es posible que otros aleguen que no importa su imagen dado que era una menor de edad. E, incluso, que muchos resalten los 74 años de ese señor en comparación con los 16 que tenía Karima cuando todo comenzó.
Lo de Berlusconi con menores no es nuevo y, de hecho, tiene el antecedente de Noemí Letizia, quien lo llamaba “Papi”. Ese caso derivó en un escandaloso divorcio entre el premier y su exesposa, Veronica Lario.
Si bien la prostitución puede ser, por qué no, la elección libre de una persona adulta, no es éste el caso. Karima resume todas las tragedias posibles, lo que la coloca en el lugar más frágil y vulnerable de la sociedad italiana.
Nació en Marruecos y emigró a Italia con su familia a los 9 años.
Asegura haber sido repetidamente golpeada por su padre, un vendedor ambulante que se gana la vida en las calles de Sicilia y que nunca le perdonó no comportarse como una buena chica musulmana, por lo que huyó de su casa a los 14. La aventura la llevó a un refugio para menores, del que también escapó.
Pasó por las manos de un fiolo de 33 años en Milán, donde luego empezó a trabajar haciendo la danza del vientre.
De allí saltó a las fiestas privadas del primer ministro, los regalos, los excesos, el dinero fácil. A los 16 años, toda una carrera hecha.
Sea cual sea su imagen, una piba de esa edad es una niña y realmente uno no entiende cómo un hombre grande puede excitarse con ella: sólo escucharla hablar debería ser un disuasivo fuerte. La idea de que un septuagenario busque con tanto frenesí “carne joven” también es revulsiva. Y agregarle a eso la enorme disparidad de poder entre el jefe de Gobierno de Italia, además el hombre más rico de ese país, y una nena refuerza el regusto amargo. En vez de sacar a las menores de un mundo peligroso y humillante, permítase la vulgaridad, se las voltea. Pagando, claro.
Éste es acaso el punto: la diferencia de poder. El abuso del mismo (“concusión”) es uno de los cargos que enfrenta este hombre de sonrisa menemista y bragueta floja, figura penal que conlleva una pena de entre seis meses y doce años de prisión. El otro, la incitación a la prostitución infantil, podría valerle una condena de seis meses a tres años; el endurecimiento de la ley en este punto es, paradójicamente, obra del actual Gobierno.
¿Cuánto durará Berlusconi en el poder? ¿Su enorme fortuna y poder le alcanzarán, al menos, para zafar de la cárcel? Las respuestas no son fáciles y en gran medida estarán condicionadas por los valores de una sociedad que desde hace un buen tiempo parece padecer de amnesia moral y haber perdido la capacidad de indignación.
Berlusconi: el poder sin piedad

