La fugaz detención de Jean-Claude Duvalier (foto de arriba) revela hasta qué punto su inesperado retorno a Haití complica las cosas en ese país. Su traslado por parte de la Policía hacia Palacio de Justicia, y su regreso al hotel que lo alberga en Puerto Príncipe, estuvo jalonado por la furiosa movilización de sus partidarios, muchos exmiembros de sus cuerpos represivos que, evidentemente, no son monjas de clausura.
En una entrada previa dábamos cuenta de las dificultades que tendría el Gobierno de René Préval para enjuiciarlo por violaciones a los derechos humanos, aun si quisiera hacerlo. Esto quedó en evidencia en el hecho de que fue citado y liberado de inmediato, y en que la investigación que se abrió corresponde a denuncias de robo de caudales públicos y malversación. Es decir, delitos que no son de lesa humanidad y que, según la ley haitiana, prescriben en el plazo normal de diez años. El juez debe decidir; Duvalier se exilió en 1986…
No ignoremos que las internas políticas existen en todos lados, y que si bien el duvalierismo subsiste en Haití también lo hace en antiduvalierismo. Un juicio por violaciones a los derechos humanos puede tentar a muchos, pero las dificultades serían grandes para hacerlo localmente.
Por otro lado, la propia ONU no sabe (¡¿no sabe?!) si las denuncias por crímenes contra la humanidad están debidamente probadas e, incluso, si hay pruebas. Insólito. El tema es que ésas sí serían imprescriptibles, si no en Haití, sí en el plano internacional.
Es allí donde hay que dirigir la mirada. Hacia los que apoyaron a dictadura de Duvalier (el reaganismo), quienes lo blindaron jurídicamente desde 1986, quienes (como hizo ayer el Departamento de Estado) se lavan las manos ahora al sostener que juzgarlo o no es resorte de las autoridades haitianas. Como si allí hubiera un Estado y un Poder Judicial en condiciones, como si la amenaza de violencia no fuera omnipresente.Se le pide al frágil Haití que haga lo que la comunidad internacional nunca quiso hacer. ¿No sería éste un buen momento para que las potencias que tutelan al país enmienden las viejas omisiones?
Digresión final: ¿cómo un ex dictador acusado del robo de cientos de millones de dólares y del secuestro, tortura, desaparición y muerte de miles de personas, un hombre que contó con una evidente protección legal durante nada menos que 26 años, pudo salir de Francia con su pasaporte haitiano vencido sin que nadie, ni los servicios secretos del país que lo cobijó ni la CIA, se hayan dado cuenta?
Otro ex, Jean-Bertrand Aristide (foto de abajo), exiliado en Sudáfrica («secuestrado» por Estados Unidos, según él), intentó renovar su pasaporte para, también, emprender la aventura del retorno. No lo logró y, al revés que Duvalier, su pasaporte vencido sí parece un obstáculo.
El mundo está loco, che.
Juicio al juicio a Duvalier


