Algo, y muy grueso, está pasando en el mundo árabe. ¿Será que la democracia es posible allí?
Hoy, por segundo día consecutivo, se realizan fuertes protestas en Egipto contra el presidente Hosni Mubarak, en desobediencia a una prohibición del Gobierno.
Los manifestantes son una mezcla de demócratas laicos, opositores de todo tipo e islamistas de los Hermanos Musulmanes, pero todos coinciden en repudiar la represión, exigir elecciones libres y mostrar su hartazgo con la censura. Además, en su mayoría jóvenes al fin, se levantan contra la falta de oportunidades de empleo.
Pero, aunque Egipto es el hermano mayor del mundo árabe, lo que está ocurriendo lo excede. Sigue, de hecho, lo acontecido en Túnez, donde se acaba de producir la histórica caída de la dictadura de Ben Alí. Éste huyó a Arabia Saudita, pero los manifestantes y la opinión pública (ruidosa como nunca allí) mantienen la presión para eliminar a sus residuos del gobierno de transición que organizará las elecciones. No por nada hoy el Gobierno, que sigue acosado, pidió a Interpol la captura del extirano y de su odiada esposa, algo impensable hasta hace muy poco. Todo con una perspectiva democrática y laica, dado el ruidoso fracaso de los islamistas de capitalizar a su favor la revuelta. ¿Será éste el tono de lo que ocurra en el vecindario? Se verá.
En tanto, en Argelia, Mauritania, y otros países se han registrado casos de personas que se quemaron a lo bonzo, quienes intentaron replicar el hecho que encendió la chispa en Túnez. También se produjeron protestas sin precedentes en Libia.
Un hecho ilustrativo de la tendencia es que, en Egipto, la manifestación de ayer, que movilizó a al menos diez mil personas (algo inédito) y que derivó en choques con la Policía que dejaron tres muertos, fue convocada por Internet. Los represivos regímenes árabes no son ya solamente intolerables desde lo ético y lo político sino, además, irremediablemente anacrónicos en un mundo de información electrónica, instantánea e incontrolable. El primer, y torpe, reflejo de Mubarak fue ayer sacar del aire Twitter…
El dominó que George W. Bush quería desencadenar tras derrocar a Sadam Husein se está produciendo pero no por obra de ningún demiurgo imperial. Son los pueblos, los que llevan adelante los grandes cambios. Lo demás, por más que se lo revista del barniz altruista de promover la democracia, sólo esconde la rapiña.
El mundo árabe bulle. El final está abierto, como su impacto político, económico y estratégico. No es poco dado lo mucho de los mismo ha que ofrecido la Historia a quienes viven allí.
Novedad: surge una vía árabe a la democracia

