Más que el anuncio de una gira latinoamericana para marzo (que incluirá a una potencia regional como Brasil, un aliado clave como Chile y un apéndice acrítico como El Salvador; no la Argentina) lo verdaderamente importante que dejó para nuestro país el discurso de anoche de Barack Obama ante el Congreso pasa por los anuncios económicos.
Según el presidente de Estados Unidos, la lucha contra el déficit fiscal se concentrará en el llamado “gasto discrecional”, cuyo congelamiento previsto por tres años será extendido a cinco.
Se trata de la porción del gasto que no incluye Medicare (el plan de salud para los jubilados), Medicare (ídem para los pobres) ni la seguridad social. En Defensa ratificó un recorte de 78.000 millones de dólares a cinco años, como ya se había anunciado, algo simbólicamente importante (es el primero desde el 11-S) pero no demasiado impresionante.
El tema es que las áreas sujetas a recorte no son precisamente las que más aportan a la suba del gasto (y del déficit) y representan apenas el 15% del total.
Así, lo anunciado en el esperado discurso anual sobre el estado de la Unión supone un recorte de 400.000 millones hasta 2021. Para comparar: los republicanos piden uno de 2,25 billones en el mismo lapso.
Además, Obama desconoció las propuestas de la comisión bicameral que él mismo había pedido en su discurso de hace un año y cuyas conclusiones recibió en diciembre. Allí se proponían fuertes ajustes sobre todo el gasto público.
Por si eso fuera poco, habló de incrementar la inversión pública en educación, investigación e infraestructura digital: la idea es extender la cobertura de Internet inalámbrica al 98% de la población “en la próxima generación”.
Su intención es no abortar el rebote postcrisis de la economía (por eso hoy suben las bolsas en el mundo; a propósito… por más que el gasto espante a los puristas de la ortodoxia, ¿que es ser pronegocios al fin y al cabo?) y la necesidad de reducir un desempleo que permanece peligrosamente cerca del 10% de la población activa (9,4% según la última medición oficial). Necesidad social, económica (más empleo es más demanda y más crecimiento) y, sobre todo política: en noviembre de 2012 un Obama revitalizado hoy en las encuestas buscará su reelección.
La preocupación por el déficit fiscal es ideológica, pero no es sólo eso. De hecho, ya trepa a 1,4 billones de dólares, un 10% del PBI estadounidense. De la mano de esto, la deuda pública se eleva a más de 14 billones, 100% del total. Ambos indicadores serían un desastre inminente para cualquier país que no fuera la superpotencia hegemónica y que no controlara la máquina que imprime los billetes que son, todavía, la moneda global.
De este modo, lo dicho anoche por Obama no será la última palabra en la cuestión: de aquí a mayo a más tardar, la deuda nacional superará el tope autorizado oportunamente por el Congreso. Será necesario, entonces, un nuevo permiso, que los republicanos (mayoría en la cámara baja, minoría sólo por un pelo en el Senado) condicionan a recortes del gasto más osados. Algún acuerdo habrá seguramente y el secretario del Tesoro, Tim Geithner, dejará de sorprender hablando de default.
Pero si, dada la relación de fuerzas, será difícil aplicar tanto una baja como una suba del gasto, las novedades provendrán del parea monetaria. Una Reserva Federal “independiente” (pero que actúa sin disimulos en consonancia con los deseos de Obama) mantendrá una política expansiva, algo que se ve en su plan en curso de volcar 600.000 millones de dólares al mercado y en un dólar que se debilita frente al euro a pesar de los dramas de Europa. Hoy la Fed dejará las tasas sin cambios, despejando el horizonte prácticamente para buena parte de 2011. Justo nuestro año electoral…
El escenario internacional seguirá siendo, a falta de algún hecho abrupto e inesperado, de tasas bajas en Estados Unidos, abundancia de dinero para los países emergentes y materias primas de precio firme contra un dólar débil, la moneda en que cotizan.
Buenas nuevas para Argentina, más allá de que Obama no nos incluya (al parecer) en su gira, su interés y sus desvelos, algo conocido por otro lado.
Parece que no nos ama. Qué problema …