La foto (difundida por la agencia EFE) no es sólo estéticamenet atractiva; es una postal del Egipto que viene. En ella foto se ve una multitud abigarrada que hoy coincide en exigir la salida del poder del dictador Hosni Mubarak. Pero si se mira más atentamente, se la ve dividida. A la derecha, al pie del minarete de una mezquita, miles se hincan para rezar; a la izquierda, otros tantos los miran de pie.
Religiosos y no religiosos, islamistas y laicos. Ésta es la gran interna que se viene dentro de la heterogénea oposición que heredará el poder en el Egipto post-Mubarak. Los segundos dicen que la protesta les pertenece, pero les faltan tres cosas: un líder, un programa unívoco (que vaya más allá del ansia de democratización del país) y una estructura. Todo lo que sí tienen sus actuales aliados y futuros rivales. Para ellos, «el islam es la solución». Allí están todas las respuestas.
El gigantesco Egipto, el país árabe más populoso, el que sienta tendencia, apunta a un Medio Oriente muy diferente. El mundo empieza a tomar nota.
Una foto, una postal del Egipto que viene

