Solamente transcribimos. Un interesante artículo de Delphine Touitou, emitido ayer por la agencia de noticias AFP, es revelador de hasta qué punto la actual guerra contra Libia es más una madeja de negocios que una lucha por los derechos humanos de los pueblos. No habla de petróleo, en este caso, sino del comercio de armas. Veamos algunos párrafos:

París, 21 Mar 2011 (AFP) – La intervención militar aérea lanzada el sábado en Libia por una coalición internacional ofrece una gran oportunidad de mostrar en acción al caza francés Rafale que París y el fabricante Dassault han intentado vender, hasta ahora sin éxito, a varios países, entre estos Brasil.
(…) Libia «quizá sea una forma de hacerle publicidad al Rafale gracias a la experiencia en combate», resumió el lunes Jean Pierre Maulny, subdirector del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) encargado de asuntos de defensa y seguridad.
«Aunque el Rafale ya participa en Afganistán, ese conflicto no es popular. Y por ello, los industriales dudan en informar sobre el material» desplegado en determinados escenarios bélicos, explicó.
Considerado un éxito de la tecnología francesa, el Rafale es, sin embargo, un fracaso comercial pues Francia nunca logró exportarlo.
Sin embargo, a principios de febrero, el director general de Dassault Aviation, Charles Edelstenne, afirmaba que el Rafale tenía posibilidad de ser vendido a ocho países.
El Rafale está en liza desde 2009 en Brasil por un multimillonario contrato para la venta de 36 aviones de combate por el que compite con el F/A-18 Super Hornet del estadounidense Boeing y el Gripen NG del sueco Saab.
Dado por «hecho» por el presidente francés Nicolas Sarkozy en septiembre de 2009 -pese a que nunca se firmó ningún documento-, Brasil anunció semanas atrás que aplazaba su decisión por razones presupuestarias.
Desde 2008 Francia negocia la venta de 60 aparatos con los Emiratos Árabes Unidos.
El Rafale, un birreactor cazabombardero concebido en los años 80, capaz de misiones de ataque aire-tierra y aire-mar y de reconocimiento o ataque nuclear, que cuesta unos 50 millones de euros (70 millones de dólares), también fue propuesto a India, Kuwait, Suiza, Grecia, e inclusive…Libia. Hasta ahora, todas ellas fueron infructuosas.
Libia «nos ayudará a venderlo», estimó un responsable francés que pidió el anonimato.
«Un conflicto permite demostrar verdaderamente la capacidad de un aparato. Desde ese punto de vista, Libia representa una vitrina tecnológica», comentó Christophe Menard, analista de Kepler Capital Markets.
(…) «Un avión de combate siempre se venderá mejor si ha sido confirmado ‘apto para el combate'», explicó una fuente cercana a Dassault Aviation (…)
(…) El portavoz de Dassault Aviation, Stephane Fort, insistió en la «polivalencia» del Rafale, que lo distingue por ejemplo del F-18 de Boeing, que el presidente estadounidense, Barack Obama, defendió este fin de semana en Brasil, que sólo puede ser configurado para una misión a la vez y ello antes de despegar, recordaron.

¿Clarito?