La crítica esbozada por el canciller Héctor Timerman a la ofensiva militar en Libia contrastó con la defensa que ensayó su par brasileño, Antonio Patriota, quien por primera vez se manifestó a favor de la salida del poder del dictador Muamar Gadafi.
«Finalizando el análisis de la acción militar sobre Libia. Primera conclusión: no se habían agotado los medios diplomáticos disponibles», había escrito Timerman el lunes en su cuenta de Twitter. Desde entonces no se han conocido otros comentarios sobre el tema que fueran más allá de informaciones sobre la actividad de los Cascos Blancos en la zona del conflicto.
En tanto, el diario Folha de Sao Paulo citó dichos de Patriota del martes a la noche durante un discurso en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Pablo. En la ocasión, al comparar el caso libio con el de Egipto, donde se produjo la salida del poder de Hosni Mubarak, señaló que “esperamos que exista el mínimo de violencia, el mínimo de derramamiento de sangre y que se establezca un proceso político que lleve a una transición benigna en Libia».
«Observamos la transición en Egipto y nos gustaría observarla en otros países, incluso en Libia», subrayó.
Sus palabras fueron interpretadas como un deseo de que también Gadafi deje el Gobierno, que ostenta desde 1969.
En su carácter de miembro rotativo del Consejo de Seguridad de la ONU, Brasil no respaldó la autorización de los ataques contra Libia, pero tampoco votó en contra. Su abstención siguió la línea de Alemania, China, Rusia y la India.
Según algunos analistas, Barack Obama había esperado un apoyo brasileño a la medida, y esa decepción motivó durante su reciente visita a Brasil su frialdad en cuanto al apoyo a la aspiración de ese país de integrarse al Consejo como miembro permanente, gesto que sí había dedicado a la India.