Las primeras informaciones indicaban que las Fuerzas Armadas estadounidenses habían logrado matar al líder de Al Qaeda en un operativo. Asimismo, afirmaban que habían logrado recuperar su cuerpo, algo crucial para poder probarle al mundo su desaparición y desactivar el posible nacimiento de un mito entre los militantes del Islam extremista.
“La muerte de Osama bin Laden es el mayor logro en nuestro intento de derrotar a Al Qaeda”, dijo Obama desde la Casa Blanca hace un par de minutos, a la vez que señaló que se trataba de “un día histórico y glorioso para nuestro país (…) Se ha hecho justicia”. “Pero esto no marca el final de nuestros esfuerzos para acabar con el terrorismo”, añadió.
Con todo, no cedió a la tentación de emplear una retórica agresiva. “El islam no es nuestro enemigo”, previno.
Los trascendidos hablan tanto de un bombardeo con un avión no tripulado como de la actuación de un francotirador, quien habría acertado un tiro en la cabeza del terrorista de 54 años en una mansión de las afueras de Islamabad, la capital de Pakistán. De confirmarse, este dato resultará llamativo. Siempre se había buscado a Bin Laden en la frontera montañosa e inhóspita entre ese país y Afganistán. Que el líder de Al Qaeda viviera en esa gran ciudad es un dato elocuente del nivel de impunidad y de connivencia por parte de factores paquistaníes de poder de los que gozó en los últimos diez años.
El logro va directa y contundentemente al haber de Obama, en momentos en que pone en marcha su campaña para la reelección en los comicios de noviembre del año próximo. Será un dato político crucial para compensar sus dificultades en terminar de encarrillar una economía que, si bien se ha alejado del abismo, no da todavía las señales de recuperación deseadas. Sin duda, en lo inmediato se verá cómo se dispara el índice de popularidad de Obama, y que nadie, ni siquiera sus críticos más acérrimos, se atreverá por un buen tiempo a cuestionar sus credenciales como líder de un país en guerra, tal como el propio mandatario recordó el jueves último. Algo evidentemente oportuno justo en momentos en que se lo cuestionaba especialmente por el incumplimiento de su promesa de cerrar Guantánamo y cuando se conocían nuevas revelaciones sobre los abusos cometidos allí en perjuicio tanto de terroristas peligrosos como de personas clamorosamente inocentes.
Asimismo, el hecho fortalece al director de la CIA, Leon Panetta, quien debió hacerse cargo de una agencia sumida en la desorganización y que próximamente asumirá el rol de jefe del Pentágono tras la salida de Robert Gates. Un reto difícil, que lo obligará a pilotear la salida de las guerras de Irak y Afganistán, y que ahora encarará con un mayor crédito político.
Estados Unidos termina así con su mayor obsesión, pero cabe preguntarse hasta qué punto la eliminación del terrorista más encumbrado y peligroso supondrá un alivio concreto a la amenaza que ese país siente de manera omnipresente desde el 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro destruyó el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania, con un saldo de alrededor de 3.000 muertos.
La propia búsqueda de Bin Laden había recortado en los últimos años su peligrosidad. Cualquier comunicación, cualquier preparativo más o menos notorio, podía ser detectada por la inteligencia estadounidense. Así, su capacidad de planear atentados era menor.
Pero su valor para el terrorismo internacional era grande. Bin Laden se había encargado de convertir a Al Qaeda no en un movimiento terrorista tradicional sino en una suerte de marca, una etiqueta de elevado poder ideológico a la que adherían grupos en buena medida inconexos. Esto significa que el activismo terrorista, si bien usaba la etiqueta de Al Qaeda (“La base”, en árabe), era en lo operativo independiente de los movimientos del líder.
Así, la eliminación del disidente saudita reviste principalmente un extraordinario valor simbólico. Ya nadie podrá dudar de que un desafío semejante al planteado por éste a la gran superpotencia mundial no quedará impune. Y Estados Unidos exorcisará buena parte de sus fantasmas recientes.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).

