Más cambios en el relato de la administración de Barack Obama sobre la muerte pública de Osama bin Laden. Ahora, según su hija, presente en el operativo del comando de élite de la Armada, el terrorista fue capturado vivo y se lo ejecutó en el piso frente a su familia. Detalle no menor: al principio se dijo que estaba armado y por eso se lo liquidó, ayer que no lo estaba pero que igual se opuso. ¿Quema de archivo nomás?
Ayer, el director de la CIA y próximo jefe del Pentágono, Leon Panetta, había admitido que los datos sobre su paradero los aportó un preso de Guantánamo. No cobrará la recompensa de u$s 25 millones porque lo hizo, según confesó el funcionario, entre inmersión e inmersión del “submarino”. Hoy, el Gobierno lo relativiza y afirma que los datos se obtuvieron de múltiples fuentes.
(Pregunta al margen: ¿qué van a hacer con tantos funcionarios que han mentido? Pensar que a Bill Clinton casi lo destituyen por no haber querido confesar una fellatio…)
Estos son sólo los últimos giros en un relato tan perforado por contradicciones que da vergüenza ajena. La mujer que había muerto al ser usada por Bin Laden como escudo humano, ni murió ni fue escudo. Que la orden era matarlo, arrestarlo o no se sabe qué, parece haberse saldado con un tiro a quemarropa. Y las fotos… siguen sin aparecer. Curioso: quienes ordenan una operación tan arriesgada y un asesinato selectivo a sangre fría ahora sienten náuseas por lo “truculentas” que son las imágenes. Se ve que es gente de estómago sensible.
Me sorprende, Estados Unidos. ¿Un país tan serio puede mentir? ¿Cómo? ¿Irak? ¿Libia? Uy, me había olvidado.