Se sabe que Mario Vargas Llosa es un apasionado de la libertad, del pluralismo. ¿O no? Y un gran escritor, acaso justamente porque en sus libros se hace difícil encontrar las posturas precámbricas que defiende con llamativa endeblez en conferencias, “charlas magistrales” y entrevistas. Hombre de pensamiento político rupestre (algo que le valió en su hora la “proeza” de perder una elección imposible con un ignoto Alberto Fujimori), sus posturas sobre “los populismos” son archiconocidas, por lo que su reciente paso por Buenos Aires careció de toda sorpresa y originalidad. Sólo lo salvó de la intrascendencia la malhadada idea de Horacio González de olvidarse de que es un funcionario y de activar en contra del premio Nobel a título de ciudadano e intelectual.
Como todo eso me parecía previsible, la cuestión entonces me aburrió bastante. Pero ahora, ante las elecciones municipales y autonómicas del domingo en España, me encuentro con nuevas declaraciones de nuestro hombre, bastante sorprendentes.
Dijo que “detrás del nacionalismo no sólo hay reivindicaciones culturales, históricas. No. Hay una cultura profundamente antidemocrática, reñida con la esencia misma de la democracia”. Para agregar que los nacionalismos vasco y catalán les hicieron pagar un “alto precio” a los gobiernos del Partido Socialista y del Partido Popular, arrancándoles concesiones desmedidas, desmesuradas”. Al hombre, se sabe, la nacionalidad peruana le ha quedado chica. Por eso también es español, así que habla con autoridad de la cuestión.
Resulta entonces que a Vargas no sólo le disgustan los populismos. Tampoco traga los nacionalismos, por moderados que estos sean. Bueno saberlo, ya que facilita ubicar mejor su pensamiento. Obvio, no es un hombre del siglo XXI. Tampoco del XX. Y si el XIX fue el siglo de los nacionalismos, pues habrá que ir más atrás para encontrar su lugar en la historia.
No sólo eso. Al cuestionar a los nacionalismos vasco y catalán va contra reivindicaciones que fueron revirtiendo con el correr de las décadas el ahogo de los particularismos regionales que supuso el franquismo. ¿Reivindica también aquel tipo de centralismo? ¿Considerará que el franquismo sí era “democrático”?
El nacionalismo catalán y vasco suman, en sus vertientes de tipo autonomista y francamente separatista al menos la mitad de sus respectivos electorados. Si restamos a la izquierda, que tampoco tolera, y cualquier cosa que a él le parezca “populista”, ya va quedando poco.
¡Que hermoso es el mundo de Vargas, un mundo de pluralidad y libertad en el que sólo él, con su ego inmenso, opina y vota! Una verdadera democracia…