Antes de la primera vuelta electoral en Perú, había dicho que un posible balotaje entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori sería como elegir «entre el sida y el cáncer». Con los hechos consumados, Mario Vargas Llosa parece haber optado por el primero de esos males: su oposición a las tendencias dictatoriales que asigna al entorno de la hija del expresidente lo llevó a respaldar al nacionalista de izquierda. Una curiosa coincidencia: su candidato favorito es ahora el mismo que el de su odiado Hugo Chávez.
Con el correr de la campaña hacia la segunda ronda del 5 de junio, y con la luz de ventaja que la joven conservadora comienza a sacar en las encuestas, su respaldo a Humala se va haciendo más militante. Quién lo habría dicho. Tanto es así que hoy dejó de lado sus habituales alegatos a favor de la libertad de prensa y salio a fustigar a los diarios de su país, a los que achacó haber montado una campaña de desprestigio contra su hombre.
Casi en clave K, denunció en el diario progresista limeño La República que «los medios han perdido toda apariencia de objetividad: la campaña de invenciones, de falsificaciones, de calumnias contra Ollanta Humala cubre el espectro de toda la media».
Añadió que no existen espacios en los que «los partidarios de Humala puedan expresarse» y que hay «intentos de acallar a periodistas independientes» que pretenden decir la verdad.
No cuestionamos sus dichos, en efecto acertados. Lo que llama la atención son los argumentos que usa. Es más, hace poco rechazó el pedido de Hebe de Bonafini para que firmara una carta en respaldo a la incorporación de CN23 y PakaPaka a la grilla de Cablevisión por considerar que se trataba de «una diferencia con una empresa privada (…) que no afecta para nada el tema de los derechos humanos ni la libertad de expresión»
Habrá cambiado de idea, nomás; a veces pasa. Pero, ¿nos deparará más sorprensas? ¿Las próximas serán volver a las fuentes, recordarse izquierdista y pedirle a Gabriel Mariotto asesoramiento para aplicar una ley de medios en Perú?
Vargas Llosa, contra la prensa. ¿Se habrá hecho K?

