Indignado por la cobertura que los principales medios de Perú están haciendo de la campaña para el balotaje del domingo, Mario Vargas Llosa renunció hoy a seguir escribiendo artículos para el diario El Comercio, uno de los más tradicionales del Lima.
El premio Nobel denunció a través de una carta que ese medio se ha convertido en una “máquina propagandística» a favor de la candidata conservadora Keiko Fujimori y que su interés en vedar el camino del nacionalista Ollanta Humala al poder lo ha llevado a violar “a diario las más elementales nociones de la objetividad y de la ética periodísticas».
«Silencia y manipula la información, deforma los hechos, abre sus páginas a las mentiras y calumnias que puedan dañar al adversario, a la vez que en todo el grupo de medios se despide o intimida a los periodistas independientes», dispara.
Vargas Llosa se ha hecho notar en los últimos años, como siempre, por sus brillantes novelas, pero también por posturas políticas polémicas, indiferentes a las realidades latinoamericanas y muchas veces despectivas hacia las posturas de sus pueblos, cuyo voto cada vez más frecuentemente no atina a explicarse.
En ese contexto, incluso hace poco en la Argentina, ha lanzado bendiciones ingenuas y condenas ígneas según lo que él entiende como respeto a la libertad de expresión, dando en lo cierto al hablar de manipulaciones de la publicidad oficial (aunque sólo contra los oficialismos que le desagradan) pero sin entender de matices, posiciones dominantes o abusos de mercado. Y, siempre, olvidando a los periodistas que se ven obligados a ganarse la vida en tales ambientes laborales. Algo de esto menciona, por fortuna, en su carta de hoy.
No es la primera vez que expresa esas críticas a la prensa de su país. Lástima, eso sí, que descubrió esas llagas tardíamente, sólo cuando se impuso optar «entre el sida y el cáncer», tal el binomio que establecieron los peruanos con su voto en la primera vuelta. Allí se enamoró de Humala, al considerarlo probablemente una enfermedad más curable, y descubrió las manipulaciones de ciertos medios. Sólo le falta pedir una ley de medios…