El título es mucho más pretencioso que las ideas que siguen, que serán pocas y modestas, pero vale para traerte hasta aquí. Es fácil denostar el voto por tal o cual candidato, pero mejor es entenderlo. Primero, porque es necesario bancarse la voluntad popular en todas sus instancias; segundo, porque sin eso no hay chances de cambiar la realidad.
Lo que quiero decir es que la Ciudad de Buenos Aires cambió para siempre. Que lo ocurrido en la Argentina en los últimos veinte años (por lo menos) no es un hecho menor. Y que es un error seguir planteando campañas electorales sobre tópicos viejos, como si ese cambio no se hubiese producido.
Es un hecho que la mitad de los pibes de la Ciudad hoy asisten a escuelas privadas. Otro, que solo el 20% de los porteños usa los hospitales públicos, es decir que el 80% tiene alguna cobertura de obra social o medicina prepaga. Hacer campaña solamente con el estado de los colegios y centros de salud es moralmente loable pero ignora que, lamentablemente, existe hoy un electorado mayoritario que es estructuralmente ajeno a esas problemáticas. Una parte de él tendrá la sensibilidad suficiente para inquietarse por esas cuestiones; el resto, y no es un invento argentino, sólo atiende a su propia realidad inmediata.
¿Significa esto que no hay que volver a tocar esos temas o, más aun, no preocuparse por ellos? Definitivamente no, pero la oferta de propuestas debe ser más amplia y atender a otros públicos en una ciudad que es indefectiblemente más vieja y conservadora. (Por no hablar, claro, de quienes se pasaron dos años machacando sobre la minería a cielo abierto). Y, si de correr de atrás se trata, no cometer la torpeza de, más allá de las polémicas, al final dejar vacía la silla en un debate. A veces no alcanza con tener razón.
Esa «nueva mayoría» está más atenta al tránsito, a los piquetes, al orden en el espacio público, a cuestiones estéticas, a estilos políticos, a sus tirrias con lo que desprecia como «populismo»… Luego se suman, claro, las tendencias mediáticas, los clientelismos (que la derecha sin dudas redescubrió), las defecciones de un sector muy antiperonista del progresismo… Todo hace al resultado que se anunciará en un rato y que, si supera los diez puntos de diferencia como se dice, pinta irreversible para la segunda vuelta.
Ah… Lo que significa el voto por Daniel Filmus en términos de piso para la presidencial de octubre es algo muy diferente.
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