Post excelente de Tirando al medio, clarito como siempre, Gerardo. Eso te distingue, junto a otros amigos, capaces de tener una mirada amplia por más que, inevitablemente, uno hable desde un lugar.
Trabajo en Ámbito hace casi 19 años, siempre haciendo Internacionales, y lo conozco bien. Quien me lee en el diario, en el blog y me escucha en radio (donde intervengo en temas de política local y economía) sabe que digo lo que pienso sin apegarme a obediencias debidas de ningun tipo. Puedo errar, pero erro yo. Y somos muchos los que lo hacemos, por caso Carlos Burgueño, a quien ponderás con justicia en tu comentario.
Al voleo, podría decirte que quien siguíó en el diario nuestra cobertura sobre Zelaya puede haberse sorprendido si es que partía de un prejuicio. Por otro lado, el chavismo tiene siempre un lugar amplio, pero todo lo que escribí y firmé fue lo más ponderado posible, tratando de explicar un fenómeno complejo y no de demonizarlo como si el apoyo que concita fuera fruto de un caso de delirio colectivo. Y lo mismo podría decir de muchos otros temas en notas, que, en todos los casos, están levantadas en este mismo blog y son de fácil acceso.
Es cierto que hay medios que hoy están demasiado encuadrados, pero hay que saber ver matices, cosa que a vos no se te escapa. Cualquier diario, revista o lo que sea, es una organización compleja, compuesta por decenas de personas e imposible de controlar sin fisuras por parte de un comisario político. Algunos son más plurales y otros menos, pero (casi) ninguno es el Kremlin. Lo que quiero decir es que en casi todos los espacios se pueden encontrar enfoques interesantes, incluso ideológicamente «disonantes».
Desde ya que vale la crítica a un medio determinado, pero pasar con una topadora sobre todos los que trabajan ahí es una locura. Y te valoro, como a otros, porque no solés apelar a la brocha gorda.
A veces me irrita escuchar, por ejemplo en 678, programa que suelo ver aunque cada vez con menos frecuencia, frases del tipo «no entiendo cómo los periodistas del medio TAL siguen trabajando ahí». Un disparate. El tema es ver quién se acomoda y quién no, quién se traciona y quién no lo hace, quién opera en Política y quién informa, y quién hace, no sé, la columna de turf.
Entender, en un punto, que mucha gente, muchos profesionales, ponen en juego su continuidad laboral muchas veces. Otros, tal vez menos osados, se bancan ponerle techo a sus posibilidades de ascenso profesional y de ingresos por no transar. Cuando se hace tabla rasa  se puede ser muy injusto, porque se termina cayendo en lo mismo que se critica en la otra orilla: todo el mundo está comprado. O somos todos chorros. O la Argentina es una mierda. Mentira.
No hablo de kirchnerismo u oposición. Igual que vos en tu post hablo de honestidad para informar. Hablo de la gente que trabaja.
Coincido en que estamos todos enredados en la puja en curso, en principio positiva, pero muy apta para el derrape. Todos los días me pasa que una opinión favorable a una acción del Gobierno me genera mensajes, muchos desagradables y extremos, y que una en contra también me provoca repudios destemplados. Claro que uno está sujeto a la observación, eso está muy bien, pero a veces la crítica es insultante y descalificadora. Te pasa a vos, lo has dicho: a veces uno no sabe cómo manejarse con anónimos casi amenazantes.
Como dice uno de los comentarios colgados en tu blog, existe la opinión y también la información, que no pasa porque sea objetiva o no sino por estar fundamentada y contextualizada correctamente. Lo opinable ya es otra cosa.
Lo que hay que entender es que quien intenta practicar esta profesión, si no con la siempre resbaladiza e inasible «objetividad» al menos con una más alcanzable honestidad intelectual, no es un militante. Escribe o habla desde otro lugar, por más que abrace, cómo no, sus opciones políticas. Como verás, lo del «periodismo militante» mucho no lo entiendo…
Algunos, más que informarse o acceder a una determinada agenda noticiosa, lo que parecen buscar es a alguien que desde un supuesto lugar de autoridad les valide sus propios enfoques ideológicos (o sus prejuicios). Y, de eso, no hay cómo hacerse cargo. Vos hablás de «desclarinizar» el debate. Concuerdo. Y de «destalibanizarlo», agregaría.
¿Desahogo? Parece, ¿no? Son las cosas que disparás con tu lucidez. Un abrazo.