Si economistas de la talla de Nouriel Roubini reivindican hoy intuiciones de Karl Marx, permítasenos citar a Antonio Gramsci. Para este, las crisis se dan cuando “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. Él hablaba del ocaso del capitalismo; nuestro interés es más modesto: ilustrar un momento de enorme incertidumbre histórica.
La crisis es financiera, económica, social y política, y tras ella alumbrará un mundo nuevo. Pero, para desilusión de algunos, no hará caer a los EE.UU.
La superpotencia tiene recursos políticos, militares, materiales y científicos sin paralelo. Se recuperará, aunque nada volverá a ser igual.
En un país cuya propia independencia surgió como rebelión fiscal, y que llegó a acumular un déficit fiscal cercano al 10% del Producto y una deuda próxima al 100%, el futuro es de ajuste: adiós al gendarme global. Barack Obama ya busca, con la mira en los comicios de noviembre de 2012, recoger el barrilete en Irak y Afganistán, y acaba de dar un desgarbado paso al costado en Libia; la obsesión por lo interno será duradera.
Europa jugó fuerte en el país norafricano, pero su inacción ante otras matanzas revela que no está para tomar ningún testigo. Sus problemas son mayores que los de EE.UU.
China, se sabe, es el futuro. Pero está amenazada por conflictos sociales en ciernes, registra niveles brutales de represión y su desarrollo generará inevitables reclamos de apertura. Su elevado riesgo político hace que los pronósticos más optimistas sean por ahora sólo ejercicios matemáticos.
El eje del crecimiento económico se ha corrido al mundo emergente. La realidad, mientras, muestra una potencia cada vez menos potente, una unión económica que sigue siendo un enano político y un gigante cuyo destino es imposible estimar.
Nos asomamos a más incertidumbre y multipolaridad, a más “libertad” relativa para los países periféricos. Si dicha libertad será o no caótica lo deteminará, en buena medida, el curso de la crisis. Mientras, en la oscuridad, seguimos buscando su fondo.
(Publicado en Bank Magazine, n° 26, septiembre-octubre de 2011).