Aunque hombre de recurso fácil a las armas, parece que el delirio guerrerista de Tabaré Vázquez fue demasiado hasta para George W. Bush. Según el uruguayo, su pedido de protección a Estados Unidos hizo que el norteamericano despejara todas las ansias bélicas de la Argentina al declarar que “Uruguay es un país amigo y socio”. Notable moderación la del texano para responder a una amenaza tan grave. Poco serio.
Tabaré, el primer presidente de izquierda de la historia de Uruguay (sí, no es una ironía), fundamentó hoy porqué pidió protección al Gobierno que se cargó a Afganistán e Irak de sendos bocados ante lo que entendía como una guerra en ciernes con nuestro país por la pastera de Fray Bentos.
«Ahora todos se sorprenden y se rasgan las vestiduras y parece que se olvidan que por el conflicto de Botnia sacamos el Ejército a la calle. Hay que recordar que los piqueteros [como llaman en Uruguay a los ambientalistas de Gualeguaychú] dijeron que vendrían a manifestar a Uruguay, que hubo quien dijo que iba a venir con dinamita, amenazaron con ocupar la planta de Botnia, los militantes de Greenpeace se manifestaron en el río y tiraron al agua a un oficial de Prefectura, entre otros hechos», señaló. Menuda hipótesis de conflicto. Un tipo que se va de boca, una manifestación ambientalista en lancha y un forcejeo… Temible en verdad. ¿Y si probaba con los boy scouts? Menos mal que el hombre gobernó Uruguay y no Estados Unidos o el Reino Unido; ¿qué habría sido capaz de hacer con semejante poder y un temple tan enclenque?
«Ante esa situación, ¿qué se pretendía que hiciera el presidente de un país pequeño que está amenazado? Pensar desde lo mejor a lo peor y pedir apoyo. Un apoyo que era en lo político y en lo diplomático, pero que partía de la base de la peor hipótesis”, agregó.
Su actitud, explicó, surgió de «plantearse todas las opciones posibles». Sí , claro. Sólo que lo posible no es lo probable y que otra responsabilidad de un hombre de Estado es descartar lo descabellado.
Su actitud, explicó, surgió de «plantearse todas las opciones posibles». Sí , claro. Sólo que lo posible no es lo probable y que otra responsabilidad de un hombre de Estado es descartar lo descabellado.
Según el expresidente, “un país pequeño” como el suyo «necesita de ese relacionamiento internacional en el plano del respeto al derecho internacional”. Para el cacofónico socialista, al parecer, Bush y el Pentágono son una garantía para el imperio del derecho entre naciones. Lo que no explicó porqué su Gobierno violó entonces ese mismo derecho al autorizar la instalación de la compañía finlandesa, lo que supuso pasar por arriba de los acuerdos bilaterales sobre el uso del río Uruguay, tal como consignó la propia Corte Internacional de La Haya.
Los disparates del expresidente uruguayo van más allá todavía, y sería cansador rebatirlos uno por uno. De ello se ocuparon, de izquierda a derecha, los principales referentes de la política uruguaya, incluyendo a la senadora y esposa de José Mujica, Lucía Topolansky, que le espetó un sonoro “absurdo”.
Desde hace tiempo que desde Uruguay no nos llegan buenas noticias; los deprimentes insultos de Jorge Batlle a “todos los argentinos”, “chorros”, según él, “del primero al último”, hasta las infelices y reiteradas denostaciones del propio Mujica son prueba de ello. Gente que a veces no parece estar a la altura de las relaciones de hermandad entre los pueblos de los dos países y que, con una ignorancia irritante, se permite estigmatizar, brocha gorda en mano, a cuarenta millones de personas. Las mismas que, por otro lado, han acogido como a familiares de la propia sangre, a los cientos de miles de personas que el Uruguay no supo contener y expulsó por razones políticas y económicas a la aventura del exilio.
¿Pero por qué se dan esas actitudes? Una hipótesis: la execración del kirchnerismo por parte de la oposición más crispada fue tal, particularmente en los mismos años en los que el conflicto por la pastera era más agudo, que líderes políticos ignorantes de países vecinos pudieron, acaso, haber tomado en serio argumentos risibles. Los Kirchner habrán tenido todos los defectos que se quieran, pero de ningún modo hubiesen sido capaces de la estupidez de desatar una guerra con Uruguay por un tema como ese.
“Parroquial, doméstico, suburbano”, definió a Tabaré el excanciller Rafael Bielsa. Hombre sintético en la expresión, parece.

