Cuando Geir Hilmar Haarde se vio obligado a renunciar como primer ministro de Islandia en enero de 2009, el mundo se preguntaba hasta qué punto llegaría la crisis de ese pequeño y remoto país, donde acababa de reventar una burbuja especulativa que había llevado a la nacionalización de los tres principales bancos y a la bancarrota nacional.
El problema, se vio, no era un exotismo propio de uno de los eslabones más débiles y periféricos del llamado mundo desarrollado, y el efecto dominó continuó implacable. A aquél se sumaron, como víctimas políticas de los derrumbes, el letón Ivard Godmanis, el irlandés Brian Cowen, el portugués José Sócrates y el griego Yorgos Papandréu.
En España, José Luis Rodríguez Zapatero se vio obligado a adelantar los comicios y en Italia, tercera economía de la eurozona, irrescatable en términos financieros por su volumen, Silvio Berlusconi pagó por la presión de los mercados y de sus pares comunitarios las facturas que la sociedad no le pudo hacer honrar a raíz de sus innumerables y patéticas correrías.
Como se ve, la crisis, implacable, se ha revelado ideológicamente ecléctica a la hora de derribar gobiernos.
Todos aquellos, de salida ignominiosa, ya han sido reemplazados; Rodríguez Zapatero, el último, tras los comicios de ayer. Esto lleva a preguntarse por lo que espera a sus reemplazantes. ¿Sus sociedades terminarán consagrándolos en el altar de los salvadores de la patria o, por el contrario, los condenarán a correr la misma (mala) fortuna de sus antecesores, consumidos en una hoguera cada vez más voraz?
El italiano Mario Monti es hoy el mejor ejemplo de ese dilema de hierro. Una encuesta publicada ayer por el diario La Repubblica lo encumbró a un 83,8% de popularidad. Mientras, el final de la semana anterior logró un amplísimo apoyo en el Senado y en Diputados, sumando a una hasta ahora imposible coalición que va del centroizquierda al centroderecha. Por último, Berlusconi parece temerle tanto que condicionó su apoyo parlamentario a que el duro profesor y excomisario (ministro europeo) desista de competir en las futuras elecciones. Pero no todo brilla para Monti.
Los partidos que le juran amor no aceptaron jugarse e ingresar en su gabinete, como él quería. Debe ser muy alto el riesgo de quemarse para rechazar el deleite de manejar cajas políticas que, aunque menguadas, son si duda muy importantes. Esto siembra dudas sobre cuál será el compromiso que aquellos terminarán mostrando cuando las medidas de ajuste se hagan realmente dolorosas, el humor social (siempre tan veleidoso) cambie y Monti cruce las líneas rojas que le han trazado: el impuesto a la riqueza, derogado por «Il Cavaliere» hace tres años, para la derecha; una reforma laboral y jubilatoria demasiado radical para la izquierda.
Algo similar ocurre en Grecia. Otro sondeo, de la firma RASS, indicó ayer que el 81,9% de la población se declara satisfecho con la salida de Papandréu y la conformación de un nuevo Gobierno, técnico y de unidad como en Italia, a cargo de Lucas Papademos. ¿Durará?
Ya no por expediente administrativo como en los casos previos, sino por el valioso camino de las urnas, en España le llega el turno a Mariano Rajoy. Postergado en sus dos intentos anteriores, no es éste, seguramente, el contexto que había imaginado para cumplir su sueño.
¿Es consciente la mayoría que lo votó ayer de lo que se viene en términos de más ajuste y más flexibilidad laboral? ¿Responde ese respaldo a una apuesta consciente a la misma receta que la aplicada hasta ahora, sólo que con mayor radicalidad y un liderazgo legitimado, o a un mero acto reflejo de castigar al partido asociado al colapso (el socialista) y reemplazarlo por su contendiente habitual? ¿Había, acaso, propuestas alternativas, tanto políticas como intelectuales, capaces de resolver la cuadratura del círculo que supone la necesidad simultánea de mantener a España en Europa, no sacarla del euro, evitar quebrantos masivos en los bancos comprometidos con su deuda, achicar el déficit fiscal y volver a crecer?
«Mi prioridad, las pensiones. A partir de ahí, habrá que recortar en todo», le dijo el miércoles último Rajoy a El País. En esa entrevista y otros contactos con la prensa explicó que recortará en más de un punto y medio del PBI el déficit fiscal sólo hasta el año próximo, más de 17.000 millones de euros; que ello afectará «todas las partidas presupuestarias» y que obligará a «suprimir muchos organismos autónomos»; que mantendrá la quita del 5% dispuesta por el socialista Rodríguez Zapatero a los empleados públicos; que privatizará trenes, aeropuertos y emisoras de TV regionales, con el previsible impacto en el empleo; que abrirá la salud y la educación públicas al sector privado; y, claro, que abaratará todavía más el despido.
Sin tiempo para lunas de miel, se abre para Rajoy una loca carrera contra el tiempo. Para no morir políticamente en el intento cuenta con que el temor al abismo haga algo más tolerables las medidas impopulares que le tocará anunciar desde el primer día. Y, desde ya, que la recuperación de la economía se atisbe lo más rápidamente posible. Ya enfrenta en ese punto un problema: la actividad económica sigue en modo de electroencefalograma plano y el inicio de 2012, se descuenta, supondrá una recaída en la recesión que abultará el 21,5% de desempleo general y el 45% de juvenil que España soporta hoy.
Si tienen razón quienes dicen que esta crisis es equiparable a la de 1929, hoy estaríamos todavía en, digamos, un repetido 1932, asistiendo a la reiteración de las recetas contractivas que pretendieron entonces apagar las llamas con fuego.
Quedarían todavía por delante un pozo equivalente al de 1933, la recuperación, sólo incipiente, para un año más adelante y recaídas posteriores. El cambio de paradigma intelectual recién se impuso, entonces, en 1936, con la publicación de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, de John Maynard Keynes. ¿Cuándo conoceremos el nuestro?
Mientras, la segunda generación de líderes de la crisis intenta hacer su camino. Para ellos y para todos, el túnel, todavía, luce largo y oscuro.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).