Belén (Autoridad Palestina) – “Aquí el Estado judío, históricamente hablando, duró cien años, cien en una historia de diez mil. Con ese criterio tendrían derecho a reclamar un pedazo de Palestina los fenicios, los persas, los romanos, los griegos, los egipcios… Los derechos sobre esta tierra no deben considerarse sobre una base religiosa. Yo soy cristiano y puedo demostrar las raíces de mi familia desde el año 630 en la ciudad de Belén. Que me demuestre (Benjamín) Netanyahu o sus ministros dónde nacieron sus padres o sus madres y cuánto tiempo llevan en el territorio palestino llamado Israel. Ésa es la diferencia. Como decimos aquí: el fuerte puede mentir y el débil no puede ni siquiera decir la verdad”. Quien habla así es el diputado del Parlamento palestino Fayez Saqqa, hombre de Al Fatah, el partido del presidente moderado Mahmud Abás (Abu Mazen), y a quien su paso por España como estudiante le dejó un castellano perfecto. En diálogo con Ámbito Financiero y periodistas de otros cuatro medios latinoamericanos sostenido en la calurosa tarde del sábado frente a la Iglesia de la Natividad de su ciudad, defiende con fervor su punto de vista, y deja ver una y otra vez sentimientos fuertes de indignación, dolor e impotencia. A continuación, los principales tramos de la entrevista.
Pregunta: Con el proceso de paz estancado desde hace años, ¿cómo describiría la situación actual?
Fayez Saqqa: El principal problema que tenemos, del que se derivan todos los demás, es la ocupación israelí. Aquí, en Belén, tenemos, como habrá visto a la entrada, un muro impresionante que rodea casi toda la ciudad. Hay una serie de colonias israelíes construidas en terrenos confiscados, al punto que hoy queda el 18% de las tierras en manos palestinas. Si a esto le añadimos que la economía de la ciudad se basa en el turismo, encontramos que la ocupación ha causado graves daños a la vida de miles de familias palestinas. Y, hablándole como un ciudadano y ya no como diputado, está el problema del libre tránsito. Yo ya llevo más de cinco años sin poder llegar a Jerusalén, que está a siete kilómetros de aquí, porque no me dan el permiso para hacerlo. Se trata de una situación mundialmente conocida, de una ocupación pura y dura, racista, en la que hay confiscaciones de tierras, carreteras sólo para colonos judíos, etcétera, etcétera. Nunca habrá paz en esta región si el pueblo palestino no consigue sus derechos legítimos.
P.: ¿Por qué no puede viajar?
F.S.: Para Israel todo está relacionado con la seguridad, como si uno tuviera una bazoka y fuera a dispararla a cualquier lado. Hay personas mayores o enfermas que necesitan ir a tratarse de urgencia a un hospital de Jerusalén, que está a dos pasos, y no pueden hacerlo salvo que les den un permiso.
P.: Usted mencionó el muro que se ve a la entrada a Belén, que efectivamente impresiona mucho más que sus tramos principales en otras regiones, donde se ve una cerca. ¿Cómo impacta en el día a día y en el sentimiento de la gente?
F.S.: Todos estamos indignados con el muro y sobre todo con la comunidad internacional, que no ha hecho nada para impedirlo. Los muros de hormigón de ocho metros, las cercas electrificadas, son totalmente ilegales y separan a miles de familias palestinas, entre sí y con respecto a sus trabajos, sus colegios o sus hospitales. Nosotros hemos aceptado la solución de dos Estados, con uno palestino en sólo el 22% de la Palestina histórica. Con el muro nos quitan el 48% de ese 22%. Eso es lo que nos dejan, encima como islas, como cantones separados unos de otros, de modo de obligar a los palestinos a emigrar en busca de posibilidades de vida, cosa que, desgraciadamente, van consiguiendo.
P.: Pero lo cierto es que antes de que se construyera ese muro o cerca había atentados.
F.S.: ¿Atentados? Sí, los hubo, pero no eran atentados sino una defensa legítima del pueblo palestino en su lucha por la libertad. El artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas otorga el derecho a todos los pueblos que son agredidos y masacrados a defenderse con todos los medios a su alcance, y es deber de la comunidad internacional apoyarnos en la lucha para acabar con la ocupación. La Autoridad Nacional Palestina y la Organización para la Liberación de Palestina han acordado desde 1991 cesar la lucha armada a cambio de que el proceso de paz siga adelante hasta la liberación de nuestro territorio. Pero ésta no ha ocurrido y siguen pidiéndonos que nos mantengamos en calma, que seamos “buenos ocupados”.
P.: Antes mencionó la apuesta fallida a la negociación. ¿Cree que eso beneficia a grupos como Hamás, que defienden una línea dura contra Israel?
F.S.: Cuando aceptamos acudir a Madrid en 1991 y firmar los acuerdos de Oslo en 1993 y los posteriores, que la otra parte ha incumplido sistemáticamente, lo hicimos desde la convicción profunda de que si había un proceso de paz serio encaminado a acabar con esta aberrante situación de ocupación y violación de los derechos humanos, nosotros no querríamos nunca volver a otros métodos de acción también legítimos, sobre todo porque es el pueblo palestino el que más pierde en una confrontación. Israel es la cuarta o la quinta potencia militar del mundo, y encima está apoyado por la primera, que es Estados Unidos. Sobre Hamás, creo que ganó las elecciones (legislativas) de 2006 no porque la gente haya estado convencida de su ideología sino como un desahogo, por despecho ante la falta de cumplimiento de la promesa que le habíamos hecho de construir un Estado soberano. Igual, la cuestión no es Hamás; Hamás es un producto de la ocupación.
P.: ¿Cómo sería posible salir de este impasse y retomar las negociaciones?
F.S.: Llevamos negociando veinte años y la situación en lo que hace a las colonias y los territorios confiscados es hoy mucho peor. A lo largo de ese prolongado proceso Israel ha trabajado para perpetuar su ocupación en base a hechos consumados. “No podemos trasladar a estos colonos. ¿Dónde vamos a llevar esta colonia?”, dicen. Nosotros no hemos puesto condiciones para volver a negociar. Estamos dispuestos a hacerlo esta misma noche. Sólo queremos que Israel diga que negociaremos sobre la base de la legalidad internacional, que reconozca las fronteras de 1967 y que ponga un límite de tiempo a esas negociaciones porque no podemos esperar otros veinte años. Para eso la comunidad internacional, el Cuarteto (la ONU, EE.UU., Rusia y la Unión Europea), deben ser verdaderos árbitros. Realmente si negocio y negocio y al final, en el terreno, pierdo todo lo que me queda, eso no es una negociación, es una rendición prolongada. Es algo tan flagrante que nos revuelve el estómago.
P.: ¿Y ustedes en qué se han equivocado para llegar a este estado de cosas?
F.S.: Seguramente hemos tenido errores. Sobre todo en no haber descubierto hace muchos años que las negociaciones no tenían sentido, haber permitido que se prolongaran. Eso nos ha dañado, ha dañado la credibilidad de la Organización para la Liberación de Palestina y la de la Autoridad Nacional Palestina frente a nuestro pueblo. Le habíamos prometido logros que hemos sido totalmente incapaces de cumplir. Estados Unidos, que es juez y parte, y sus aliados europeos nos han presionado para que prolonguemos nuestra agonía, y lo hemos hecho. ¿Para qué está la Autoridad Nacional Palestina? ¿Para gestionar la ocupación, para que seamos gestores baratos pagados por otros? Eso se está terminando. Ya no lo aceptaremos.
P.: Usted se quejó de la actitud de la comunidad internacional, pero también hay países, como la Argentina y otros de América Latina, que han respaldado la independencia palestina.
F.S.: Nuestro pueblo agradece la solidaridad que expresaron la Argentina y esos otros países. Para nosotros fue un momento importante, emocionante, pero lo que han hecho es ajustarse a la legalidad internacional. Por eso no queremos que se queden allí sino que ese apoyo se traduzca en hechos, que estén con nosotros con firmeza en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas para que Palestina pueda obtener su reconocimiento, aunque no vaya a ser completo, porque en el Consejo de Seguridad sabemos que el veto norteamericano hace que sea un caso perdido. Ése es el reto, porque creo que a final del verano (boreal) volveremos a presentarnos. Y si no es este año, será el que viene. Es que nos están presionando tanto que, para no morirnos de hambre, puede que digamos “está bien, no lo vamos a hacer ahora”, aunque seguiremos insistiendo. Estamos atravesando una brutal crisis económica, posiblemente el mes que viene no podamos pagarles los salarios a nuestros empleados. Estamos en bancarrota, tenemos muchas deudas.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).

