Beit Berl (Israel) – La relación entre poder político y grandes medios de comunicación siempre es tensa y, por alguna razón, lo es más desde hace algunos años. En América Latina, en Estados Unidos, Europa o aquí, en Israel, la cuestión llega a niveles inéditos. Eso sí: en este país, pese a las quejas contra el trato que da a los medios el Gobierno de derecha de Benjamín Netanyahu, a nadie se le ocurre denunciar que el tremendismo de que la libertad de expresión o, más aún, la democracia estén en jaque.
«Hoy hay una pelea entre la política y el periodismo en Israel. Durante el Gobierno de Ehud Olmert, Netanyahu era el jefe de la oposición y había llegado a la conclusión de que el periodismo era un cuerpo único que lo consideraba un enemigo, que apoyaba a la izquierda y que lo enfrentaría hiciera lo que hiciera por ser el líder del partido Likud. Como no iba a poder cambiar el pensamiento de los periodistas, decidió cambiar a los medios en sí».
Quien habla es el Barak Ravid, el encargado de los temas diplomáticos en Haaretz («El país»), uno de los diarios más influyentes, referente de la prensa de calidad en este país y tradicionalmente de centroizquierda. El propio Ravid, un hombre joven, que habla con convicción, fue varias veces blanco de las iras del Gobierno.
«Entonces habló con uno de sus principales donantes, Sheldon Adelson (foto), tal vez el judío más rico del mundo, con casinos en Las Vegas y uno de los más grandes del planeta en Macao, y le puso el tema de los medios sobre la mesa. Adelson le propuso crear un diario, Israel haiom, (Israel hoy), con el modelo del USAToday, del que Adelson también tiene acciones», siguió.
Adelson está dando qué hablar últimamente. La Fiscalía de Los Ángeles lo investiga por supuesto blanqueo de dinero. La prensa que no lo quiere bien también recuerda sus generosos aportes a Mitt Romney, superiores a los 60 millones e dólares, para impedir que Barack Obama cumpla sus propósitos de que los ricos paguen más impuestos. Parece que la donación le resulta más módica.
Currículums aparte, la revolución de Israel haiom fue tal, que puso a toda la prensa patas para arriba. «Es de distribución gratuita, una novedad en el país, no limitándose a entregarlo en puntos fijos, como centros comerciales, o en medios de transporte. Lo llevó hasta las casas de la gente, estableciendo un modelo en el que ningún otro medio podía competirle. Para él no era importante hacer dinero con el diario sino usarlo para fortalecer a Netanyahu», explicó.
«Otra de las cosas que hizo Adelson fue imprimir cantidades industriales todos los días. Empezó con 150 a 200 mil ejemplares diarios y hoy tira alrededor de 400 mil por día y pasó a ser el más impreso del país, mucho más que otros que tienen 50 o 60 años». Su crecimiento se dio a expensas de todos los demás periódicos, que vieron caer sus ventas.
«Israel haiom no tiene la agenda de un partido determinado, algo que ocurre en muchos lugares del mundo y está muy bien. En este caso es un diario que apoya a una persona: era el diario de Bibi. Todo su contenido está orientado a eso y a atacar a sus adversarios políticos, dentro y fuera de su partido», agregó.
Escándalos personales, familiares o políticos; polémicas públicas, todo tiene en Israel haiom una cobertura nula o sesgada si de Netanyahu se trata, explicó el periodista. «Fue uno de los instrumentos clave que ayudaron a Netanyahu a ganar las elecciones» en 2009, aseguró.
Otro medio importante es el diario Maariv, tal vez no uno de los más influyentes, que, según Ravid, Netanyahu logró neutralizar cada voz crítica al lograr que uno de sus exvoceros pasara a ser editor principal. «Obviamente, el nivel de crítica del diario bajó mucho», explicó.
La ofensiva no se limitó a la prensa gráfica. Uno de los grandes canales de televisión es el 10, que suele presentar encuestas sobre políticos israelíes. Uno de sus principales periodistas investigó el Bibi tour, sobre los viajes del primer ministro al exterior pagados, según los denunciantes, por amigos ricos.
La revancha, recordó Ravid, «llegó unos tres o cuatro meses antes de la renovación de la concesión del canal 10. Una comisión del Parlamento debe renovar el permiso, cuyo presidente es la persona que hasta hacía dos años era el portavoz de Netanyahu: debían mandar de vacaciones al periodista. El canal por supuesto no aceptó y hasta la última semana la comisión demoraba la autorización. El canal se sentía al borde del cierre. Al final se le prolongó por unos meses, plazo que termina a fin de año, por lo que sigue funcionando bajo advertencia. Esto lo puso en una situación económica más que compleja. La crítica a Netanyahu sigue existiendo, pero es un 60%/70% que la de antes», dijo el periodista de Haaretz.
¿Más? Sí, hay más. Los parlamentarios oficialistas aprobaron una ley sobre injurias que establece multas que pasaron de 50.000 a 300.000 shekels (de 12.500 a 75.000 dólares), y si se demuestra que lo publicado provocó un daño, se pasa a 1,5 millón (375.000 dólares). Así, ningún periódico puede investigar nada sin pensar en una demanda que puede terminar derrumbándolo», señaló.
Lo último que se hizo se refiere a las radios, de enorme audiencia en este país. Las dos más importantes son la del Estado (Radio de Israel) y la del Ejército, ambas muy independientes de los gobiernos de turno desde siempre. «El Ministerio de Defensa y el primer ministro accionaron para que cada una fuera dominada o por lo menos atemorizada. Por ejemplo, en la del Ejército, año a año el Parlamento tiene que aprobar la renovación de la autorización de sus auspiciantes a través de la misma comisión dominada por hombres de Netanyahu. En medio de versiones de que era posible que los avisos no fueran autorizados, la radio fue bajando su nivel de crítica», denunció. «Creo que no hay posibilidad de ganar esta lucha, pero sigo considerando que hay libertad de prensa en este país. A pesar de los daños que sufrió en los últimos tres años».
Denuncias fuertes, para un mensaje final mesurado. Pese a todo, el que estas cosas puedan ventilarse habla de un nivel de crítica vibrante, propia de una democracia como la israelí. Aquí todo, verdaderamente todo, se discute.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).