El agravamiento de la salud de Hugo Chávez, que mantiene en vilo a Venezuela, está provocando intensas tratativas para posponer por al menos tres meses -y posiblemente hasta por seis– la fecha de asunción de su nuevo mandato hasta 2019, lo que demoraría un llamado a nuevas elecciones que hasta ahora los observadores consideraban inminente. Un escenario en el que están interesados algunos encumbrados dirigentesoficialistas pero que, desde ya, sólo sería viable en tanto el presidente pueda sostener la lucha por su vida. Según dispone la Constitución venezolana, el próximo jueves 10 Chávez debería asumir el mandato para el que fue reelegido el último 7 de octubre, pero la cuarta cirugía a la que debió ser sometido en Cuba por la reaparición del cáncer que padece, y la complicación respiratoria que sufrió con posterioridad a ella, llevó a algunos de los principales operadores del oficialismo a buscar lagunas legales que permitan modificar ese plazo.
Detrás de esto yace, según analistas de ese país que no comulgan con el chavismo, una sorda lucha de poder dentro del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), animada por el vicepresidente, canciller y delfín designado por el propio comandante, Nicolás Maduro, y el poderoso titular de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral), Diosdado Cabello, postergado por aquella decisión presidencial. Ambos políticos han debido negar una y otra vez las crecientes versiones de enfrentamiento.
En medio de extendidas versiones sobre un deceso, Maduro señaló el domingo a la noche en una dramática cadena nacional desde La Habana que el estado de salud del comandante seguía siendo «delicado y no exento de riesgos», debido a las nuevas complicaciones causadas por la infección respiratoria que sufrió tras la cirugía. Asimismo, anunció que permanecería en la capital cubana a la espera de la evolución del paciente, por expreso pedido de éste, algo interpretado como un modo de enfatizar su carácter de heredero.
El grueso de la oposición, con la notable excepción de su líder y potencial candidato, Henrique Capriles, alega que si el 10 de enero Chávez no puede jurar ante la AN, deberá declararse su ausencia absoluta. En ese caso debería asumir interinamente Cabello como cabeza del Poder Legislativo y convocar a nuevas elecciones en el plazo de 30 días.
Si el debate, que terminó haciéndose público, se apoderó del oficialismo, otro tanto cabe decir de la oposición, unificada electoralmente pero no siempre en los criterios a seguir. Al contrario de muchos de sus aliados, Capriles ha sido especialmente cuidadoso en no parecer ansioso y le ha deseado una recuperación a su contrincante.
Es más, ayer mismo exhortó a sus seguidores a través de su cuenta de Twitter a no caer «en rumores ni odios» y a invertir la «energía en construir, no en destruir». Anteriormente, en curiosa coincidencia con el chavismo, había dicho que la fecha del 10 de enero no era impostergable.
De acuerdo con la tesis impuesta por Cabello, el artículo 231 de la Carta Magna autoriza a modificar los plazos normales. «El candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Si por cualquier motivo sobrevenido el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia», dice textualmente.
Eleazar Díaz Rangel, director del diario venezolano Últimas Noticias, le dijo a este periodista en diálogo a través de radio El Mundo que la idea de una convocatoria a elecciones inmediatas ya debe darse por descartada debido a la intervención del TSJ. En tanto Chávez siga viviendo, desde ya.
Según ha trascendido en las últimas horas, la titular del alto tribunal, Luisa Estella Morales, ya tiene preparado un dictamen en su condición de presidenta de la Sala Constitucional del TSJ que declara la prórroga de la fecha de jura del presidente. En ese sentido, se abriría un período de 90 días en concepto de permiso de ausencia para el presidente, prorrogable por 90 días más. Así, la transición se extendería hasta mediados de año… con Cabello -y no Maduro- al mando, claro. El vicepresidente pilotea la transición si la acefalía se produce tras la asunción y sólo completa el mandato si ésta se da en los últimos dos años del período de seis.
Analistas como el presidente de la respetada encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, consideran que las posibilidades de Maduro en nuevas elecciones serían mayores cuanto antes se vote. Un transición larga conspiraría contra sus chances, arriesgó. Se trataría de un nuevo cálculo poco «racional» del chavismo. En efecto, si las versiones sobre la mala salud de Chávez previas a las elecciones de octubre eran ciertas, como se prueba ahora, ¿por qué aquél no invirtió sus últimas energías en hacer campaña por su delfín, en lugar de embarcarse en un esfuerzo que, a la postre, sólo sería la antesala de una nueva contienda en la que no podría imponer el peso de su figura? La negación y el cálculo erróneo son parte de la política en una medida mayor que la que suele admitirse.
Si Chávez ya nunca vuelve a Miraflores, hasta que se vote nuevamente, la interna entre Maduro -un exsindicalista- y Cabello -un exmilitar- dará mucho más que hablar. Según recordó a la agencia DPA el diputado opositor Carlos Berrizbeitia «antes del 10 de enero está el 5 de enero», día en que la nueva AN debe elegir a sus autoridades. Allí «sabremos si Diosdado sigue manteniendo su fuerza, si sigue al frente de la Asamblea», señaló. De no ser así, algo poco probable, Venezuela asistiría a un drástico cambio en el equilibrio de poder dentro del PSUV.
Mientras, ajeno a tantas especulaciones y luchas de poder, Chávez, solo en su cama de hospital y lejos de la patria, apenas pelea por su vida.
(Nota publicada en Ámbito Financiero).
