Caracas – Subiendo desde Miraflores, en los cerros del oeste de caracas, se llega al barrio 23 de Enero. “Barrio” en este país significa villa de emergencia y, en efecto, el panorama es similar al que conocemos en Argentina, sólo que con una diferencia notable: el nivel de politización (chavista, claro) que se deja ver en cada conversación, en cada charla entre terceros escuchada al pasar, en cada bandera que cuelga de las ventanas.
En el 23 de Enero, donde además de viviendas precarias hay monoblokcs construidos en tiempos del dictador Marcos Pérez Jiménez, se encuentra el Cuartel de la Montaña, uno de los lugares icónicos del chavismo por haber sido sede importante de la rebelión militar de 1992. La misma en la que Hugo Chávez fracasó y en la que lanzó la célebre consigna de que “no pudimos lograr nuestros objetivos… por ahora”, que lo catapultaría al cielo de la popularidad entre los venezolanos hartos de la corrupción de la IV República.
No sorprende entonces que, mientras se esperan tiempos propicios para trasladar su cuerpo al Panteón Nacional, algo que requeriría una aprobación legislativa por mayoría especial, éste sea el lugar en el que repose el comandante.
Un promedio de 1.000 a 1.300 personas desfilan por aquí cada día, gente que, en su mayoría, no pudo concurrir a las multitudinarias exequias por vivir en el interior de Venezuela. Al revés de todas las medidas de seguridad adoptadas entonces, el ambiente es en este lugar distendido: se pueden sacar fotos y no hay detectores de metales. La emoción de quienes desfilan frente al féretro de mármol, cerrado, no es menor pese al paso de las semanas.
En el cuartel 4F(por los mencionados hechos del 4 de febrero de 1992), como se llama oficialmente, se observa en primer lugar una llama eterna y una inscripción en mármol: “El amanecer de una esperanza”. La espera para ingresar no es larga, y se van armando pequeños grupos que son guiados, con toda amabilidad y sin ahorro de retórica revolucionaria, por efectivos de la Milicia Bolivariana, la rama leal al régimen que Chávez incorporó a la Fuerza Armada Nacional, para alarma de sus oponentes.
En el lugar, además del féretro del “comandante eterno”, hay diversas salas que repasan, con exposiciones fotográficas,  los principales hechos del 4F y de la vida del expresidentes. Una capilla muestra, a los costados del Cristo crucificado, dos fotos gigantes de él, una con las manos en acción de oración, otra sosteniendo un crucifijo, del día en que, desbaratado el golpe en su contra de abril de 2002, perdonó “a la oligarquía”.
“¿Por qué te lo llevaste, Señor? Eso sí que no te lo voy a perdonar?”, se escucha decir a una mujer al ingresar, llorosa, a la sala central, donde soldados escoltan al cuerpo. “Gracias y hasta siempre, comandante”, se escucha también. “Rodilla en tierra el domingo para votar por la revolución”, promete otro. Los más no pueden contener las lágrimas al pasar junto al féretro.
El domingo se sabrá en las urnas, cuánto de esa emoción influirá sobre la política venezolana de los próximos seis años. Nicolás Maduro apuesta todo lo que tiene a esos corazones.
(Nota publicada en ambito.com).