Al revés de lo que dicen algunos análisis que tienden a subestimar a la gente, el Mundial de fútbol puede impacto electoral, pero no por lo futbolístico. Quiere la Constitución que se vote cada cuatro años, y la historia ha puesto cada comicio presidencial tres meses después de la cita futbolera, sin que nunca se haya constatado que lo electores votan al ritmo de la suerte de la “verde-amarela”.
Sí, en cambio, la Copa puede influir según se pondere el resultado de la organización: si hay problemas serios, como algunos vaticinan, habrá mayor mal humor social; si todo transcurre con normalidad, sin protestas ni represión, sin huelgas ni caos, acaso la mandataria salga reforzada.
Un primer test será la recepción popular el jueves en San Pablo, cuando se realice la ceremonia inaugural y Brasil debute contra Croacia. ¿Se repetirán las rechiflas de la Copa Confederaciones, en medio del fragor de las inesperadas protestas de hace un año?
Mientras, la última encuesta de Ibope confirmó ayer que las elecciones de octubre siguen siendo de pronóstico reservado. Dilma sigue al frente, pero su intención de voto del 38% (dos puntos menos que hace un mes) amenaza con enviarla a un balotaje en el que podría tenerla difícil si el Socialdemócrata (conservador) Aécio Neves (22%) suma fuerzas con el socialista moderado Eduardo Campos (13%).
Por último, otro dato: el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), una formidable maquinaria política de talante conservadora, de enorme penetración territorial, confirmó ayer que seguirá apoyando a Dilma y que votará con ella en octubre.
Eso le valdrá mantener a Michel Temer como número dos de Rousseff y la promesa de un mayor peso en un eventual segundo Gobierno.
Sin embargo, la decisión reveló grietas: la alianza con el Partido de los Trabajadores fue apoyada por 398 delegados, el 59% de los delegados, mientras que 275 (el 41%) lo hicieron en contra.
Semejante fractura podría costarle cara a Dilma si los caciques locales del PMDB, tradicionalmente con mucho juego propio, deciden hacer huelga de brazos caídos en la campaña que comenzará después del Mundial.
Que las encuestas anticipen un resultado tan apretado no hace más que aumentar los incentivos para un juego doble.
Dilme sufre por otra encuesta y un «apoyo» con veneno

