
Brasilia – “La inflación ya se hizo insoportable”. “Esto es puro populismo”. “El intervencionismo está matando la inversión privada”. “El gasto público está fuera de control”. “Avasallan al Banco Central”. “Fraguan las estadísticas”. “Con la ley de medios y con los controles impositivos a cada compra y movimiento que realizan los turistas en el exterior la presidenta demuestra que es una chavista”.
No, no nos repiten los lugares comunes sobre la Argentina sino que nos hablan de Brasil, donde la mayoría de los llamados “formadores de opinión” nada sabe de la imagen de socialismo moderado que el Partido de los Trabajadores se forjó fronteras afuera.
El Gobierno de Dilma Rousseff impidió en esta campaña a los empleados públicos realizar declaraciones de tono político. Esto incluye a los directores de bancos y organismos oficiales de estudios económicos que pululan en la ciudad. Pero el “off”… eso no hay quién lo impida.
Uno de ellos, destacado, recibió a Ámbito Financiero en una oficina alta, desde la que se observa la imponencia de esta “ciudad maqueta”. Café mediante, aceptó responder la pregunta del millón: ¿Qué fue del “milagro brasileño” que se promocionó en los años de Luiz Inácio Lula da Silva, dónde quedó la promesa de un Brasil lanzado definitivamente al desarrollo? En definitiva, ¿qué salió mal?
“Cuando alguien es muy afortunado, en Brasil se suele decir que ‘nació de cara a la luna’. Bueno, el propio Lula decía que él había nacido ‘de cara al sol’”, recordó. En efecto, como Argentina y como todo país exportador de materias primas, el Brasil del ex tornero mecánico se benefició del “viento de cola” internacional, esto es de precios elevados y abundancia de dólares. “Y Lula tuvo capacidad para surfearlo, imponiendo un modelo de crecimiento muy centrado en el aumento del consumo interno. Un cuarto de la población brasileña cruzó el umbral de la pobreza y el real se apreció. Había una sensación de bienestar, de euforia”, agregó.
El consenso aquí es que Dilma exageró con las dosis, sobre todo en un contexto mundial que, con ella, ya no sería el mismo. Tras la crisis estadounidense y europea de 2008 y 2009, la recuperación en 2010 fue enorme y la economía creció al 7,5%. En 2011, lo hizo el 2,7%, en 2012 el 1% y el año pasado, el 2,5%. Este 2014, con suerte “crecerá” 0,3% y 2015 no irá más allá del 1%. Volvió el Brasil de “vuelo de gallina”.
Otro economista, José Roberto Novaes de Almeida, doctor en Economía de la George Washington University y docente de la prestigiosa Universidad de Brasilia, opinó sin mordazas y coincidió, pese a o militar en el desarrollismo como nuestra fuente. Nos dijo: “Los observadores extranjeros raramente son capaces de hacer análisis realistas sobre Brasil y tienden a repetir como papagayos las visiones gubernamentales; de ahí el optimismo exagerado. El ‘boom’ de los precios de los commodities les parecía eterno a las autoridades brasileñas, que iniciaron programas con gastos exagerados”.
Ayer, por caso, el Gobierno admitió haber incurrido en agosto en el cuarto déficit primario consecutivo, 5.890 millones de dólares antes del pago de deudas, el peor resultado desde 2001. En lo que va de 2014, el Gobierno apenas cumplió con el 10% de su objetivo de superávit primario, fijado en enero en un 1,9% del PBI.
“El énfasis del Gobierno fue el consumo, vía reducción de la tasa de interés y aumento de plazos para los préstamos personales hasta un increíble nivel de hasta ocho años para la compra de bienes de consumo”, añadió Novaes de Almeida.
No había manera de que semejante política expansiva evitara una presión sobre los precios. Hoy, la inflación anual se ubica en torno del 6,5%, en el techo de la banda fijada como meta por el Banco Central. No parece un drama, pero en Brasil vivir es caro, y para aquella “nueva clase media” de 40 millones de personas, más aun. La inflación de servicios casi duplica aquel guarismo.
Thiago de Aragao, analista en Arko Advice, le explicó a este enviado que “el problema con la inflación no es el número, sino que éste sea superior a lo estimado por el Gobierno. Eso genera dudas sobre cuál es el control efectivo que tiene sobre las variables económicas”.
Para Novaes de Almeida, la inflación “produjo una pérdida de confianza de los empresarios privados en el Gobierno”. Recuperarla, aseguró a Ámbito Financiero, pasa por una reducción de los impuestos, un control real del gasto, y una reforma largamente demorada de un sistema jubilatorio que no hace más que acumular privilegios. Si se empieza a trabajar muy joven, en Brasil es posible jubilarse antes de los 50 años con el 100% del salario. Salarios muy altos, además, si de empleos en el Estado se trata.
Nuestra fuente sumó un dato: en un contexto de casi pleno empleo, la inflación “come” rentabilidad a las empresas y, con esto se deteriora la inversión privada. “Hoy está en 18 o 19% del Producto, algo totalmente insuficiente. Brasil necesita un 25% para crecer de manera sostenida”, indica.
Gane quien gane, el futuro pinta difícil. El año que viene será uno de ajuste después de la farra electoral. Y el atraso de las tarifas de transporte, electricidad y naftas es ya de dos dígitos. “Sólo los subsidios a Petrobras, para mantener bajos los combustibles, le cuestan al Gobierno unos 8.000 millones de dólares por mes”, se alarmó.
Será difícil ponerle el cascabel al gato. Un alza de algunos centavos en las tarifas de transporte urbano fue el detonante de las masivas protestas de junio del año pasado. Muchos tienen esto en mente cuando hablan de futuro.
