Brasilia – Dilma Rousseff está viviendo una encrucijada que su mentor, Luiz Inácio Lula da Silva, conoció bien: encuestas favorables, con liderazgo en todas las regiones de Brasil, y repudio de los mercados. La diferencia es que éste la enfrentó antes de llegar al poder, cuando aún era una incógnita, y que aquélla lo sufre cuando, supuestamente, ya todos saben qué esperar de ella.
Si el remedio de Lula fue entregar “pruebas de amor” (un banquero, Henrique Meirelles, como presidente del Banco Central y autonomía de hecho a la entidad), las de Dilma, a no dudarlo deberán llegar pronto. El nombre de quien reemplace al cuestionado ministro de Hacienda, Guido Mantega, en un eventual segundo mandato podría ser un bálsamo entre otros.
La presidenta ayer volvió a experimentar esos estímulos bipolares. La aprobación a su gestión de Gobierno subió al 39%, siete puntos más que en julio, dijo Datafolha. Mientras, la economía la abofeteó varias veces.
En reacción a sus crecientes posibilidades de reelección, la Bolsa de San Pablo volvió a caer fuerte, por tercer día consecutivo y tras sufrir pérdidas de casi el 12% en setiembre. Octubre debutó con una baja fuerte del 2,32%.
El dólar, en tanto, que había trepado casi el 8% el mes pasado, ayer volvió a subir 1,46% hasta los 2,483 reales, el mayor nivel desde diciembre de 2008.
Mientras, septiembre cerró con un déficit comercial de 690 millones de dólares, el segundo mayor de la historia. Con esto, el acumulado del año vuelve a mostrar un rojo leve pero preocupante.
Por último, la actividad industrial retrocedió 0,8% en agosto contra julio, se quejó ayer, informe en mano, la poderosa Confederación Nacional de la Industria (CNI).
Con un crecimiento mediocre y declinante desde 2011, prácticamente nulo este año y de alrededor del 1% previsto para el que viene, a Brasil le urge emprender reformas, algunas dolorosas. Gasto público, impuestos y jubilaciones aparecen al tope de la lista. Las materias primas que el país exporta, como la Argentina, ya no cotizan alto, China tracciona menos y los dólares comienzan el esperado y temido “vuelo a la calidad”.
En este contexto, las presiones se multiplican y cabe comenzar a preguntarse qué clase de Gobierno llevará adelante Dilma si logra la reelección. Y, en ese sentido, qué lugar le cabrá a la Argentina en momentos en que arrecia el reclamo de una parte del empresariado para terminar con el Mercosur tal como lo conocemos (ver notas aparte).
Thiago de Aragao, analista en Arko Advice, le dijo a Ámbito Financiero que los candidatos de oposición, Marina Silva y Aécio Neves, “han dicho que Argentina no puede ponerse por encima de las reglas del bloque y que si eso es así, será mejor que Brasil salga de él. Pero también Dilma entiende que el país vecino no puede ignorar las reglas con tanta frecuencia. Aécio es el más radical en ese punto, Marina moderada y Dilma más favorable al bloque, pero independientemente de quién gane, cualquiera será más firme en relación con la Argentina”.
Las autoridades argentinas deberán cuidar este punto. El debate sobre el Mercosur y la relación bilateral están aquí más calientes que nunca y la cuerda ya no resiste muchos más tironeos.

