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Brasilia – El principismo, para muchos mal entendido de Marina Silva, es lo que en buena medida está detrás de la “deshidratación” de su candidatura, tal la feliz expresión compartida con este enviado por uno de los principales analistas políticos de Brasil, Murillo de Aragao. Recordemos que la candidata había llegado a medir bien por encima del 30% en las encuestas posteriores a su designación como candidata en agosto, tras el impacto que supuso la muerte de socio político Eduardo Campos, a quien reemplazó. Entonces duplicaba en intención de votos a Aécio Neves.

Es que Marina, políticamente, se suicidó. Era conocida su resistencia a muchas de las alianzas estaduales que había cerrado Campos al inicio de la campaña, particularmente en San Pablo. Puso allí a Márcio França, de su Partido Socialista Brasileño (PSB), como candidato a vice del gobernador Geraldo Alckmin, del PSDB (el mismo de Neves, ¡qué enredo!), algo que ella nunca digirió.

Tanto fue así, que la evangélica rechazó hacer campaña por esa fórmula en el principal colegio electoral del país, con 32 millones de electores y el 23% del padrón. Una fuente con acceso a la cocina de la campaña “marinera” le contó a Ámbito Financiero que Silva “se negó durante más de dos semanas a que se distribuyera en San Pablo folletería ya impresa que decía, Alckmin gobernador, Marina presidenta. Sólo cuándo las encuestas le mostraron que tenía el agua a la altura del cuello accedió a eso, en la última semana de campaña”. Tarde: ya tenía a Neves encima.

Se privó así del arrastre que le podía haber provocado el nombre del paulista, que ayer arrasó y obtuvo la reelección en la primera vuelta: en las urnas electrónicas, la opción para gobernador aparece justo antes de la de presidente. Además, no vio que entre el PSDB paulista de Alckmin y el mineiro de Neves hay una disputa histórica, y que a pesar de que el primero apoyaba formalmente al segundo a nivel nacional, había fuertes indicios de que podía hacer una campaña de brazos caídos que la beneficiara.

Pero si Marina se suicidó políticamente, hay que decir que también la mataron. Desde esta elección, estuvo permitido en Brasil difundir encuestas de intención de voto durante todo el fin de semana, ya en tiempo de veda electoral. Así, los trackings que el viernes a última hora la daban aún por encima de Neves, el sábado se dieron vuelta mágicamente en la misma proporción.

Ese vuelco era reflejado todo el tiempo en TV y en los portales de los grandes diarios, sobre todo de San Pablo, donde se cortaba el bacalao, mientras la gente comenzaba a votar. “El candidato del PSDB sube cinco puntos, pasa de 22% a 27% de los votos válidos, y la exministra cae de 28% a 24%”, decía con candor, bajo su título principal, el sitio de O Estado de Sao Paulo. Impresionante, en verdad. Todo en 24 horas…

Realidad u operación, lo concreto que es ese “hecho” terminó por orientar el voto útil. Las responsables fueron Datafolha, vinculada al influyente diario Folha de Sao Paulo, e Ibope, que trabaja para la todopoderosa red Globo. No sorprende que aquí se hable cada vez con mayor insistencia de una ley de medios a la argentina.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).