Desde hace tiempo, las restricciones impuestas por el Gobierno de Cristina Kirchner a las importaciones y las limitaciones al giro de divisas de las empresas extranjeras instaladas en Argentina irritan, con razón, a los socios del Mercosur. De la mano de esto, especialmente durante la última campaña electoral en Brasil, se ha impuesto un fuerte debate respecto de la posibilidad de que el bloque deje de ser una unión aduanera y vuelva a constituir, simplemente, un tratado de libre comercio que permita a sus miembros negociar pactos con terceros países. ¿Quiénes impulsan dicha idea son realmente conscientes de las consecuencias que tendría?
En junio del año pasado, la Argentina suscribió con China un acuerdo de inversiones que da ventajas a las empresas de este último país. El mismo tuvo un drástico avance a principios de este mes, cuando la Presidenta visitó Pekín y cerró negocios por más de US$ 20.000 millones. Lo firmado promete todavía más: la elaboración de un ambicioso plan quinquenal, según el cual bastará con que China ofrezca financiamiento barato para que, por ejemplo, importantes obras de infraestructura sean realizadas por compañías de ese origen, asociadas con firmas locales, sin licitación internacional. Esto dejará afuera a candidatas brasileñas y también las excluirá de la posibilidad de exportar a la Argentina partes y equipos necesarios para esos fines.
Ha bastado con lo anterior para que empresarios brasileños expresaran vivamente su queja, algo un tanto curioso en tanto se trata de los mismos sectores que se declaran partidarios de un Mercosur light.
Repasemos algunos datos:
– El comercio entre Argentina y Brasil en 2014 fue el menor de los últimos siete años.
– Las compras argentinas a Brasil se desplomaron, restricciones mediante, un 27,2 %.
– En tanto, las ventas argentinas también cayeron, aunque menos: un 14,1 %.
– El saldo fue así casi de equilibrio: apenas US$ 141 millones a favor de Brasil.
Mientras tanto…
– Las compras realizadas por la Argentina a China fueron las que menos sufrieron por el sistema de “comercio exterior administrado”. De ese modo, creció la proporción que representan en el total de las importaciones nacionales: 16 %. Así, el déficit con ese país trepó a US$ 6.300 millones y China quedó a punto de reemplazar a Brasil como el principal proveedor de la Argentina.
– Pese a la vigencia de las restricciones a las importaciones, las compras a China fueron en 2011 de US$ 10.611 millones y en 2014, de US$ 10.490, prácticamente el mismo nivel.
China es el principal competidor de Brasil en la región en lo que hace a exportaciones industriales, y, en lo que respecta a la Argentina, lo dicho certifica que ya existe un desvío de comercio en favor del gigante asiático. El nuevo acuerdo de inversiones tenderá, sin dudas, a reforzarlo y la concreción de un Mercosur enano, un simple TLC en el que Buenos Aires pueda negociar tratados de libre comercio por su sola voluntad lo haría aun más.
Puede argumentarse que Brasil también apuntaría en tal caso a mercados más atractivos, como el de Estados Unidos y el de la Unión Europea. Es cierto, tanto como que eso beneficiará a sus segmentos industriales más competitivos pero no necesariamente a los de menor porte, necesitados todavía de los mercados regionales.
La Argentina realizará elecciones en octubre y en diciembre habrá un nuevo Gobierno. Si el actual no resuelve el conflicto con los fondos buitres, el próximo pondrá el tema al tope de su agenda en su mismo comienzo. Salir de ese fango le permitirá al país volver a los mercados de crédito, ser menos dependiente de los préstamos chinos, dejar de sufrir escasez de divisas y terminar, con relativa rapidez, con las restricciones al comercio.
Acaso la paciencia sea la mejor consejera.

