La “paciencia estratégica” no sólo es un atributo de Brasil, en beneficio de la Argentina. El camino es recíproco, al menos en lo que concierne al tema Malvinas.
Hace un tiempo se denunció que, a despecho de los cuatros firmados hace cuatro años a nivel del Mercosur y la Unasur, países como Brasil y Chile no cumplen con el compromiso de negar asistencia logística y técnica en sus puertos a barcos militares británicas.
La primera mención al tema correspondió al ex vicecanciller argentino Andrés Cisneros en su libro Apuntes para una política exterior postkirchnerista.
La versión ha sido desmentida por Daniel Filmus, responsable de la Secretaría para la Cuestión Malvinas, que depende de la Chancillería. Sin embrago, más allá de las declaraciones de rigor, el abastecimiento a buques británicos es una realidad conocida y tolerada por el Gobierno argentino.
La Casa Rosada prefiere tolerar esa situación, que considera “menor”, y privilegia el apoyo político y diplomático explícito que la presidenta Dila Rousseff le da a la Argentina en todos los foros internacionales que tratan la disputa por la soberanía sobre las islas Malvinas.
Por otra parte, el Ministerio de Defensa que conduce Agustín Rossi lleva adelante una intensa actividad de complementación con el Brasil. Entusiasman especialmente al funcionario las posibilidades que se abrieron tras la firma en octubre último de la Alianza Estratégica en la Industria Aeronáutica (AEIA).
La misma establece que la argentina Fábrica Militar de Aviones Brigadier San Martín, ubicada en la provincia de Córdoba, aporte componentes para la producción del avión brasileño de carga KC-390. Estas serán las primeras exportaciones en materia militar aeronáutica del país en los últimos veinte años, lo que Rossi acredita como un éxito de su gestión.
El funcionario considera excelente la relación bilateral a nivel de defensa y pondera la existencia de mecanismos regulares de reunión semestral.
(Nota publicada en InfoRel, en castellano y portugués).
